¿Qué camino seguir? Acerca de la solidaridad, el antiimperialismo y el socialismo

Su Lee

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«Desde Unión Proletaria nos ha parecido oportuno compartir las reflexiones que uno de nuestros militantes nos hace llegar como resultado de su participación en un frente de masas antiimperialista en Mallorca tras la última escalada en el plan sionista de ocupación, colonización, apartheid y genocidio en Palestina. Queremos dejar claro que se trata de reflexiones personales que no tienen por qué ser completamente o parcialmente compartidas por el frente en el que participa, CxP (Ciutadans per Palestina) en Mallorca.
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Después de más de dos meses que CxP (Ciutadans per Palestina) echase a andar, se hace necesaria una reflexión acerca del camino a seguir para continuar dando la batalla a las atrocidades que a diario – y cada día peor que el anterior – lleva perpetrando el estado sionista al pueblo palestino durante más de 75 años de existencia.

El último episodio de barbarie desatado por el sionismo por aniquilar al pueblo palestino causó la indignación en gran parte de las clases populares de nuestra sociedad, despertando como siempre la solidaridad con aquel. Y fue ese ánimo espontáneo que nos llevó a un reducido núcleo de ciudadanos a responder ante esa demanda de la gente que encontraba la callada de sus representantes. Entonces tuvimos claro que era necesario ocupar ese vacío para reunir a todas ellas, apagadas y silenciadas para que se hicieran ver y oír. En menos de 24hrs conseguimos transformar la solidaridad espontánea en una primera concentración ante el resto de la sociedad. Y lo más importante, junto a muchas otras del país, fuimos capaces todos de presionar a sus representantes a manifestar una primera posición de condena al genocidio, colonización y apartheid. Se hizo un gran trabajo agitativo a través de un manifiesto, entrevistas a los medios, difusión en redes, etc. y creemos que, al menos parcialmente se alcanzaron esos objetivos iniciales.

A pesar del éxito ¿Podíamos darnos por satisfechos? No, la barbarie no hacía más que superarse a diario y analizamos que, a pesar de la respuesta inmediata y mayoritaria de las comunidades árabe e islámica, hacía falta involucrar más a nuestra sociedad. Había que transformar las concentraciones en movimiento y convocamos entonces a la manifestación del 7 de noviembre. Es cierto que quizás esperábamos algo más de afluencia, pero muchas otras convocadas por organizaciones mucho más potentes consiguieron en el pasado aglutinar unos pocos centenares y, en otras ciudades de mucha mayor población, consiguieron incluso menos. Además, siguiendo con el buen trabajo agitativo se elevaron las consignas en un sentido antiimperialista, señalando al eje anglosajón y otro dato importante: conseguimos que el grueso de asistentes fuera “nativa”.

De nuevo la eterna pregunta, pero esta vez, la respuesta exigía formular otro interrogante, y esta vez de mayor calado ¿Qué camino tomar? ¿Seguir convocando y movilizando una y otra vez será suficiente o hay que hacer algo más? Hasta noviembre, se había realizado un magnífico trabajo agitativo y conseguido los objetivos iniciales: concentración, presión social a las instituciones, transformación de la concentración en movimiento e incorporación de “nuestra sociedad” en las movilizaciones. Pero, si bien es cierto que seguía siendo imprescindible seguir convocando y movilizando mediante la agitación, era necesario hacer mucho más.

Así, para transformar la movilización en organización antiimperialista, se necesitaba la difusión de una propaganda que, al profundizar en la cuestión, penetrara desde su superficie a la raíz para descubrirla[1]. Solo así -siendo radical- se puede plantar batalla a la ideología dominante -la imperialista- y atraer a nosotros a las individualidades más conscientes y consecuentes que se encuentran disueltas en las masas, sin referentes en los que poder actuar. Así que el 18 de noviembre inauguramos el primer acto invitando a Asier Herranz, miembro de Samidoun y experto internacional, la proyección de documentales como el de Tantura y Fedayín, dos actos -uno en Manacor y otro en Palma- con Fayez Badawi, quien fue portavoz del FPLP[2] en Europa. En estos momentos estamos preparando la salida del primer número de nuestro primer boletín en formato físico[3], con artículos de análisis, teoría y práctica además de la actualidad local, nacional e internacional entre otras secciones culturales.

A pesar del largo camino que hemos recorrido en tan poco tiempo, todavía es mucho el que nos queda por recorrer, especialmente como organización antiimperialista en Mallorca. Nosotros no escondemos nuestras intenciones, queremos no solo crecer horizontalmente ensanchando las bases, también verticalmente en la producción de un discurso y propaganda cada vez más elevada. Porque el enemigo es mucho más poderoso que las fuerzas que se le oponen y resisten a ser dominadas.

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El poder de Israel es una fracción del poderoso imperialismo anglosajón

A nadie se le escapa que el estado de Israel es capaz de tales atrocidades porque cuenta con el apoyo decidido y legitimidad que le otorgan las potencias anglosajonas de EEUU y su tradicional aliada Gran Bretaña. Además, la primera domina e impone su orden a través de la dependencia económica, subordinación política y ocupación militar a una UE cada vez más vasalla. Lo que tenemos entonces, no es solamente un solo estado fuertemente armado que actúa con total impunidad sino a toda una estructura de agresión internacional de dimensiones colosales[4] cuyos recursos están destinados a mantener la hegemonía frente a sus principales enemigos y competidores[5]. Tal es la superioridad abrumadora que en conjunto destinan más de 330.000 millones de $ ¡nada menos 70% del gasto militar mundial! Así son capaces de mantener latentes cientos de conflictos, reavivando y azuzando unos u otros para luego intervenir sin obstáculo alguno como en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Siria o Ucrania[6].

Si bien es cierto que, en las últimas décadas, los BRICS, un grupo de países liderados por China y Rusia han ido mermando esta hegemonía anglosajona, ha sido principalmente en el terreno económico y más recientemente diplomático-comercial estrechando lazos con el Tercer Mundo. Además, entre ellos se están dando pasos importantes que tienen como objetivo la desdolarización. Sin embargo, las cifras actuales son las anteriores y representan aún hoy un poder infinitamente superior en lo económico, político y militar[7]. La principal conclusión aquí es que, aunque la presencia de dicho bloque es un factor importante como aliado, no es la fuerza principal en la que deberíamos apoyarnos.

Nosotros los antiimperialistas, debemos ocuparnos de -además de apoyar como nadie la solidaridad- organizar la lucha contra el imperialismo que nos oprime, recuperando los recursos que este se apropia. A diferencia de ellos, nosotros los destinaremos a la paz y al progreso. La lucha del pueblo palestino contra Israel y la lucha de cada país ocupado por la OTAN guardan una estrecha relación, porque ambas son partes elementales de un mismo proceso: la opresión de un puñado de potencias occidentales a otras, y estas se resisten al organizar una respuesta emancipadora. Las masas de unos y otros países comparten idénticos intereses, solo que en los países dominados hace tiempo que son conscientes.

Además de lo anterior, veamos con algunos ejemplos en lo más concreto y actual se manifiesta esta relación. Muchos sabrán que actualmente España cuenta con bases militares permanentes al servicio de la OTAN en Oriente Próximo, algunas de ellas en el Líbano, por ejemplo. Recientemente la presencia de nuestros soldados y fuerza militar ha sido desplegada en el Mar Rojo, son la fragata “Méndez Núñez” y el buque “Patiño” apoyando al portaviones estadounidense “Gerald Ford”. Al hacerse público, muchas han sido las consignas y peticiones populares exigiendo su regreso. Sin embargo ¿Cómo van a ser realizables tales demandas si nuestro país sigue vinculado y obligado a prestar dicha ayuda en el marco de las “operaciones conjuntas para evitar la escalada regional”? Así es como el imperialismo intimida y bloquea la posibilidad que terceros países como Siria o Irán apoyen la lucha del pueblo palestino. Sustrayendo a la OTAN de nuestros recursos será mucho más difícil ejercer esa intimidación propia de cual matón y sus secuaces.

Así, la caracterización del imperialismo en relación con la correlación de fuerzas debe ser la siguiente: el imperialismo es un gigante con pies de barro –o como dirían los chinos, un tigre de papel-. Aún es mucho más poderoso y su hegemonía es indiscutible, pero no es todopoderoso. A cada paso que da, y desde la guerra de Corea de 1953 no ha sido capaz de tras ganar campañas de bombardeos indiscriminados cometiendo las mayores atrocidades y crímenes de lesa humanidad, consolidar las ocupaciones o, al menos completamente. De igual forma le ocurre a Israel en Gaza y Cisjordania y ambos, por ser expresiones del mismo imperialismo serán derrotados. Porque a cada paso que dan son cada vez menos capaces de convencer a cada pueblo que intentan someter y, al mismo tiempo, van perdiendo la credibilidad en el resto de los pueblos del mundo. De igual modo le ocurre a Francia en los países del Sahel africano. El rechazo es tal, que en todos ellos alcanza a su propio ámbito doméstico, y es en este espacio nacional y “metropolitano” donde las potencias imperialistas pierden las guerras, cuando son incapaces de mantener el orden y sus gobiernos se juegan las reelecciones.

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Antiimperialismo y socialismo

Si ha quedado claro cómo la solidaridad necesaria debe ir acompañada de un amplio movimiento antiimperialista, queda dilucidar en qué sentido y horizonte. Porque si la lucha antiimperialista no tiene como objetivo el fin de la explotación del hombre por el hombre, se volverá a su contrario a reproducir relaciones de desigualdad dentro y fuera de sus fronteras. La historia ha corroborado esto muchas veces, como veremos a continuación.

El mismo origen de los EEUU está ligado a la lucha de sus colonos por desembarazarse de las trabas aduaneras y monopolios de la corona de su potencia colonial Gran Bretaña. Incluso fue la primera constitución en anexar la primera declaración de derechos[8] antes que la revolución francesa. Además, durante varios siglos su tradición política fue relativamente coherente[9] a escala internacional, pues a pesar de la Doctrina Monroe, no intervino agresivamente en otros continentes hasta la II Guerra Mundial. EEUU primero pasó de ser un país anticolonial a colonizador con la Conquista del Oeste (1839-1889) para, una vez completada la revolución industrial y ya en la época del imperialismo, convertirse en potencia imperialista y ocupar el puesto de Gran Bretaña tras la IIGM ¿Cuál fue la razón de todo ello? Que en su origen está una sociedad de propietarios privados del campo y comerciantes cuyo desarrollo económico solo podía realizarse a mayor escala a través primero de la explotación esclavista y de la ocupación de las tierras fértiles y praderas del oeste para, en la fase imperialista, mantener la competitividad con las sucesivas potencias que iban apareciendo. Mientras una potencia posee la ventaja tecnológica y hegemónica del mercado no es necesario emplear la guerra, incluso se anima a los demás al librecambismo, aboliendo aduanas. Pero cuando esta ventaja se va perdiendo, la vía pacífica del “liberalismo” es una traba y debe ser reemplazada primero por el proteccionismo y luego por la guerra.

Hay que destacar que esto no es exclusivo de los EEUU sino como hemos señalado del único modo de vida que tiene una clase social (la capitalista) de seguir existiendo, porque esta depende exclusivamente de explotar a otra parte de la sociedad y, además, en la fase imperialista, de hacerlo a naciones enteras. Así ocurrió también con Japón, cuya unidad nacional comienza por desembarazarse del dominio semicolonial norteamericano para pasar a potencia imperialista primero agrediendo a Rusia, ocupar la Manchuria china, Indonesia y llegar hasta casi el norte de Australia en la IIGM ¡Incluso Gran Bretaña entre 1840-1860 los políticos británicos consideraban que el colonialismo era un lastre y señalaban su convencimiento de que la liberación de estas era inevitable! 

Todo lo anterior significa que nosotros los antiimperialistas no podemos oponernos a la unidad con la solidaridad espontánea. De hecho, CxP nace de ella y queremos continuar sumando en las movilizaciones mucha más. Por supuesto que tampoco rechazamos toda alianza con quienes en el momento presente se vayan sumando a la lucha antiimperialista del pueblo palestino y de muchas otras, como la que el pueblo ruso está librando contra el auge del nazismo en Ucrania y la expansión de la OTAN. Pero si esto fuera un viaje en tren, algunos de nosotros no solo compartiremos parte del viaje con ellos muy gustosamente, pero nuestra parada es la última. Deseamos que una parte de ellos pueda pasar de un vagón a otro: de la solidaridad al antiimperialismo, y que otra parte de este, a la lucha por el socialismo. Porque como ha demostrado la Historia, solo los socialistas son quienes han llevado la lucha antiimperialista hasta sus últimas consecuencias, mientras que las demás fuerzas lo han sido de forma puntual y a conveniencia o, de forma idealista sin posibilidad real de materializarse.

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El socialismo en el centro y la periferia (primer y tercer mundo)

La lucha por el socialismo discurre por diferentes etapas en el centro imperialista respecto a la periferia. La lucha anticolonial y antiimperialista a menudo ha llevado al socialismo en aquellos países de la periferia en que los revolucionarios comunistas fueron capaces de organizarla. Así ocurrió en parte en la Rusia de 1917. Como señalaba Lenin, Rusia no era todavía un país capitalista, sino que se enfrentaba a las necesidades de Alemania por avanzar hacia el Este debido al bloqueo naval occidental. Alemania necesitaba los ingentes recursos de materias primas del imperio ruso empezando por las fértiles “tierras negras” ucranianas. Así, además del componente social campesino y obrero por la emancipación, se unía la necesidad de que fuera el socialismo y no la burguesía el que implementase la industrialización. La paz era urgente y su guerra civil (1917-1923) fue, además, una guerra de liberación nacional que permitió a la Rusia socialista recuperar la soberanía y emprender la industrialización por la vía socialista. También ocurrió en China tras expulsar a los japoneses primero en la IIGM y luego en la segunda fase de la guerra civil (1946-1949). Lo mismo podemos decir de Corea, Cuba, Vietnam y otros.

Sin embargo, en los países del centro imperialista con sus contradicciones entre capital y trabajo cronificadas, es el desarrollo de la lucha de clases -siempre a condición de un fuerte partido revolucionario implantado en las masas- el que evita pasar por etapas intermedias. Así, la clase obrera en sus luchas espontáneas como la sindical, defensa de los servicios públicos como la sanidad, educación, pensiones o vivienda está defendiendo el germen del socialismo. Lo que ocurre es que no es capaz de hacerlo de forma consciente aún. En ellas, expresan el rechazo a la gestión y propiedad privada de ciertas parcelas de la economía, les falta todavía ser conscientes de ir más allá, a un control público de su totalidad.

Lo anterior no significa –ni mucho menos- que la tarea de elevar el nivel de conciencia sea fácil, ni mucho menos corta. Pero ¿existe otro camino? ¿Es posible derrotar al imperialismo anglosajón y evitar que quienes ahora luchan o son aliados por la causa palestina o cualquier otra no se conviertan mañana en imperialistas si no es luchando decididamente por el socialismo, por la igualdad plena? Antes hemos demostrado que no, y del mismo modo que lo hemos hecho en un breve y esquemático recorrido histórico con unos pocos ejemplos, lo mismo ocurre a nivel social, incluso con las clases populares si no adquieren, al menos parte de estas una conciencia socialista. Y es que, un elemento que a menudo se pasa por alto es que gran parte del bienestar del que disfrutamos en los países dominantes no solo es fruto de las luchas obreras y populares, ni siquiera tampoco antes de las indirectas, como la existencia del extinto campo socialista. Lo primero es si materialmente era y sigue siendo sostenible el estado del bienestar. La respuesta es que es más sostenible cuanto el imperialismo es más capaz de explotar los recursos de la periferia: obtener materias primas baratas (de lo contrario, la inflación ya es mayor y desciende el valor real de los salarios), si conserva la hegemonía del mercado mundial (si no, las empresas despiden, recortan en contrataciones y las siguientes serán más precarias), si a nuestras economías les va mal, además el estado recauda menos y, para reactivarla, necesita atraer inversiones reduciendo aún más su carga impositiva (subiéndola al resto) y adelgazando el presupuesto destinado a gasto público o congelándolo (lo que con la inflación acumulada es reducirlo). Por último, cuanto más se liberan los pueblos, nuestros estados deben destinar más recursos (diplomáticos, militares y paramilitares) para recuperar esas fuentes de energía, materias primas y hacer cautivos esos mercados como en Libia o Irak. Y cuando esos pueblos se industrializan hasta competir en igualdad con nosotros, como el caso de China, la geopolítica requiere incluso de recursos mucho mayores porque es una guerra que habrá que sostener durante décadas.

Todos recordaremos los horrores de la Alemania nazi, pero menos conocida es la simpatía de gran parte de su población. Es cierto que se trataban de ocultar los horrores, pero no lo es menos que el grado de bienestar del que disfrutaba gran parte de las clases populares alemanas los apartaba de interesarse por tales cuestiones. Sin ir más lejos, también recordaremos más recientemente en Europa y España, en un largo período de expansión y “estabilidad” económica entre 1994-2008 dominaba en la conciencia colectiva el multiculturalismo. La economía necesitaba mucha mano de obra barata y fueron años de regularizaciones e incluso en los que los españoles rechazaban muchos de los trabajos no tanto porque fueran precarios sino porque aspiraban a otros más acordes con el estilo de vida de la “clase media”. Sin embargo, el proceso de freno y recesión económica fue reemplazando esos ánimos de “multiculturalismo” hacia posiciones de racismo y xenofobia. En definitiva, la contradicción de cuanto más se liberen los pueblos del mundo, más nos oprimirán los mismos a nosotros y, eso significa que, si una parte importante de las masas no adquieren la conciencia suficiente, no podremos detener el proceso de fascistización y xenofobia que se dará en la otra parte. Y todo será pendular, de aparente avance y victorias, pero si no logramos vencer al imperialismo con el horizonte socialista, todo volverá a oscurecerse de nuevo, pero a cada vez con más virulencia y horror.

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NOTAS:

[1] Señalando al imperialismo anglosajón como responsable histórico y actual desde el fin de la IGM, defendiendo el legítimo derecho a la violencia revolucionaria de todo pueblo oprimido y a decidir este su futuro -incluso una Palestina desde el río hasta el mar-, arrojando luz sobre la cuestión de Hammas y el conjunto del eje de la resistencia, la perspectiva de clase con el papel de proletarios sin plenos derechos derechos -hasta cuatro categorías “ciudadanas”- y cómo debemos recuperar la lucha por la salida de nuestro país de la OTAN y sus tropas de nuestras bases.

[2] Frente Popular de Liberación de Palestina, de carácter marxista-leninista.

[3] El digital tal vez ya esté disponible desde alguna de nuestras redes, al igual que la web o desde la misma.

[4] Económicamente dispone de la riqueza de los más de 30 países del llamado “Occidente colectivo”[4] que todavía suponen más del 70% del PIB mundial, controlan las divisas del comercio mundial (85% en dólares y el 5% en euros) y

[5] antes la URSS, hoy los BRICS.

[6] armando a bandas nazis contra minorías rusas en el Donbás y Crimea desde 2014.

[7] Es solo en el peso demográfico de China e India respecto a Occidente el único factor de clara superioridad de dicho contrapeso, variable que, aunque decisiva en última instancia no lo es actualmente.

[8] Declaración de derechos de Virginia, en 1776.

[9] Conquista y colonización del Oeste 1839-1889.