La ofensiva reaccionaria y los dos errores que retardan la reconstitución del Partido Comunista.

Gavroche

.

Apenas agotada la agitación contra la amnistía para los independentistas catalanes, la derecha política, mediática y judicial vuelve a la carga, esta vez por un presunto caso de corrupción de la esposa del presidente del gobierno Pedro Sánchez. No es el propósito de este breve artículo especular sobre la veracidad o falsedad de la acusación, ni sobre la táctica del líder del PSOE frente a ella. A este respecto, me limitaré a apuntar lo que es evidente para cualquiera: los cargos públicos de la derecha no están libres de este tipo de pecado y, si tiran la piedra, no es para hacer limpieza.

Su objetivo es recuperar la parte del poder político que la mayoría les quitó en las urnas, porque lo quieren todo para exprimir y someter completamente al pueblo. Son aristocráticos y monárquicos por convicción. Se consideran una minoría superior al resto: los trabajadores, la mayoría de las mujeres, las nacionalidades minoritarias, etc. No soportan los derechos y gastos sociales que la izquierda promueve para paliar el crecimiento de las desigualdades generado por el mercado y la acción deliberada del gran capital. Por eso, nos exigen recordar a ETA y olvidar el franquismo, apoyan el derecho divino de Israel a exterminar a los palestinos, acosan a los países que quieren ser soberanos, exaltan la expansión de la OTAN hacia Rusia y banalizan el nazismo en Ucrania, …

Frente a esta derecha reaccionaria, hay dos errores de signo opuesto que se cometen por parte de muchos comunistas.

El primero y más grave es el de derecha: el de aquéllos que cierran filas con los dirigentes socialdemócratas, hasta el punto de cerrar también los ojos ante sus políticas que se derechizan cada día más, envalentonando a los reaccionarios y desmoralizando a la mayoría progresista de la población. Con el actual gobierno encabezado por el PSOE, los capitalistas se hacen más ricos y los trabajadores más pobres, los estereotipos publicitarios y culturales machistas siguen primando sobre la vida y la libertad de las mujeres, se profundiza la revisión anticomunista de la historia, se abandona a los pueblos palestino, saharaui y otras víctimas de la opresión extranjera, se aprueba el crecimiento del gasto militar y el rumbo a la guerra mundial. ¿A cambio de qué? ¿De unas limosnas por “buen comportamiento”, de que nos dejen gobernar… para ellos? ¡Eso no es frenar a la derecha, a la reacción y al fascismo como mandaron las urnas! ¡Eso es abrirles la puerta de par en par!

El error contrario que cometen otros comunistas es el de desentenderse de la actual ofensiva de las fuerzas más oscurantistas y retrógradas de la burguesía que no sólo va enfilada contra la socialdemocracia y sus adláteres pequeñoburgueses, sino sobre todo contra la clase obrera, la democracia y la paz entre los pueblos. Para estos camaradas, la derecha y la izquierda gobernante son tal para cual. Por lo que nos enseña la historia, incluso la de nuestro país, no podemos descartar que los dirigentes más derechistas de la socialdemocracia jueguen a relevarse con los conservadores y liberales para explotar crecientemente a los trabajadores y a los pueblos dominados; e incluso que prefieran abrir paso al fascismo antes que combatirlo en unidad con los comunistas. Pero es un grave error pensar lo mismo de los millones de militantes y votantes de la izquierda reformista, que son muy mayoritariamente obreros y trabajadores explotados.

Si el primer error mencionado es objetivamente pequeñoburgués porque se somete a los intereses parcos y vacilantes del pequeño propietario, el segundo error es subjetivamente pequeñoburgués porque no confía en el potencial revolucionario de la mayoría proletaria que sólo espera el impulso educativo y organizador de su vanguardia para desplegarlo y sorprender a la mortecina mentalidad burguesa que oprime las conciencias.

Despejaremos el camino a la reconstitución del Partido de la clase obrera a medida que los comunistas nos fundamos con las masas que se oponen a la reacción, enarbolando tanto la crítica al oportunismo de quienes las dirigen como un programa de cambios sociales urgentes:

– Limitación de los precios de bienes y servicios de primera necesidad.

– Aumento de los salarios, subsidios por desempleo y pensiones.

– Reducción de la jornada laboral y de la edad de jubilación para trabajar todos, sin pérdida salarial y a costa de los beneficios empresariales.

– Sistema tributario realmente progresivo sobre la renta, el patrimonio y los beneficios, basado en los impuestos directos, eliminando los impuestos indirectos, incluido el IVA.

– Nacionalización de grandes empresas, desarrollo de un sector público industrial y planificación centralizada de la producción, en función de las necesidades de toda la población y no de la ganancia capitalista.

– Supresión de todas las leyes e instituciones que menoscaban los derechos democráticos y reprimen el desarrollo del movimiento obrero y demás movimientos democráticos.

– Supresión del monopolio capitalista sobre los medios de comunicación de masas.

– Independencia y soberanía nacional, frente a la opresión y las injerencias de los imperialistas. Salida de la OTAN y de la Unión Europea. Desmantelamiento de las bases militares estadounidenses, repatriación de las tropas expedicionarias y renuncia a las sanciones internacionales que menoscaben la soberanía de otras naciones.

– Plena igualdad y derecho a la autodeterminación para las nacionalidades del Estado español. Cargos públicos y de la administración electos, revocables y con salario medio. Ratificación mediante consulta popular decisoria sobre las leyes más importantes.

– República democrática.

Y, entonces, cuando tengamos Partido Comunista, la lucha por el socialismo pasará de la teoría a la práctica.