Fundamentos del materialismo dialéctico (y 2)

Escarpo

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Segunda parte de los apuntes de filosofía marxista-leninista realizados por el camarada Escarpo, basados en el curso básico de materialismo dialéctico realizado por Unión Proletaria. Esta segunda parte contiene los apuntes sobre las categorías de la dialéctica y  los fundamentos de la ley del conocimiento científico marxista-leninista.

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Definición general de las categorías de la dialéctica

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La filosofía estudia los nexos y las relaciones más generales de las cosas, las leyes del desarrollo que rigen la naturaleza.

En las primeras etapas de la filosofía, las categorías aparecían como principios iniciales de la concepción del mundo, registrando los “comienzos” de éste: el agua, el aire, la tierra, el fuego, el átomo, etc. Kant considera que las categorías son formas de la razón, independientes de la existencia. Según las definiciones de las categorías son la “cosa en sí”. Hegel, en el que la ciencia de la lógica aparece como un sistema dialéctico de categorías, hizo una gran aportación al desarrollo de la doctrina de estas últimas. Dichas categorías son: cualidad, cantidad y medida; esencia (fundamento, fenómeno y realidad), formando parte de esta última la sustancia, concepto (sujeto, objeto, idea). Aunque Hegel opinaba que las categorías son un producto del espíritu universal, su mérito consiste en que en las transiciones dialécticas de las categorías, y en su concatenación, adivinó genialmente, según la expresión de Lenin, la dialéctica de la propia realidad.

El marxismo aprovechando todos los logros del pensamiento filosófico universal y de las ciencias especiales, ha elaborado las categorías sobre una base materialista dialéctica. Las categorías de la dialéctica materialista son el resultado del conocimiento, la sintetización de la experiencia cognitiva y práctica de toda la historia precedente del género humano. Son puntos clave de la cognición, “peldaños” de la penetración del pensamiento en la esencia de las cosas.

Las categorías no son un conocimiento inmóvil… si todo se desarrolla, ¿Se refiere eso también a los conceptos y categorías más generales del pensamiento?, si no se refiere, significa que el pensamiento no está vinculado con el ser.

Es singularmente mutable el contenido de las categorías. Bastará comparar por ejemplo, cómo se comprendía la materia en la antigüedad y cómo se entiende esta categoría en el sistema del cuadro moderno del mundo.

Las categorías son principios organizativos del pensamiento, puntos clave de la relación del sujeto y el objeto, que abarcan toda la riqueza de objetos y fenómenos. Gracias a las categorías, las cosas singulares se perciben y comprenden como manifestaciones particulares de lo universal. La asimilación de las categorías en el transcurso del desarrollo individual del hombre es condición necesaria para que adquiera la capacidad de pensar teóricamente.

Las categorías están vinculadas entre sí de tal modo, que cada una de ellas puede ser comprendida sólo como elemento de un determinado sistema. El sistema de categorías se basa en la unidad de lo lógico y lo histórico. El orden entre las categorías no es casual ni arbitrario, su desarrollo consecutivo debe reflejar sumariamente la historia de la formación y el desarrollo del pensamiento humano que va de lo simple a lo complejo.

La ley de la unidad y la lucha de los contrarios se expresa a través de las categorías de oposición, contradicción, etc. La ley de la transformación mutua de los cambios cuantitativos en cualitativos, se formula por medio de las categorías como manifestación de los aspectos y relaciones generales de las cosas. Así las correlaciones entre contenido y forma, esencia y fenómeno, necesidad y casualidad, son una manifestación específica de la ley de la unidad y la lucha de los contrarios.

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Lo singular, lo particular y lo universal

Lo primero que llama nuestra atención cuando percibimos el mundo circundante es su mutable diversidad cuantitativa y cualitativa.

Lo universal puede manifestarse como semejanza de propiedades y relaciones de las cosas que forman una determinada clase, multitud de cosas, definidas por ejemplo, en conceptos como, “cristal”, “animal”, “hombre”, etc. Lo universal no existe antes, y el margen de lo singular, de la misma manera que lo singular no existe fuera de lo universal. Todo objeto es la unidad de lo universal y lo singular. Entre lo singular y lo universal existe como si fuera un eslabón de engarce, lo particular.

Cualquier cosa se diferencia de todas las demás y, al mismo tiempo, se parece a ellas en uno u otro aspecto, tiene propiedades comunes con otras cosas. Un alce o un roble tiene miles de hojas. Entre ellas no se encontrará dos que sean absolutamente iguales, y pese a ello, diremos sin titubeos, que la pertenencia de cada hoja al alce o al roble no suscitan ninguna duda, ¿Por qué? Porque poseen cierta comunidad, pongamos por caso, en su estructura y su color.

Como observaba Engels, no podemos dar un solo paso sin tropezar con la unidad de la comunidad y la diferencia. Lenin decía que en las oraciones más simples, más corrientes, como por ejemplo, “Iván es un hombre”, “Zhuchka es un perro”, hay dialéctica. Lo particular es lo universal, por consiguiente los contrarios (lo singular es contrario de lo universal) son idénticos: Lo singular no existe más que en esa relación que lleva a lo universal.

En los distintos sistemas filosóficos se interpreta de manera diferente lo universal y su relación con lo singular. Los filósofos de ideas metafísicas separaban habitualmente lo singular de lo universal, y los contraponían entre si. En la Edad Media, los llamados nominalistas afirmaban que lo universal no tiene ninguna existencia real, que es únicamente nombres, palabras, términos, y que en realidad sólo, existen las cosas singulares con sus propiedades y relaciones. Los realistas, por el contrario, opinaban que los conceptos generales tienen existencia real como existencias espirituales de las cosas, que preceden a los objetos singulares y pueden existir independientemente de ellos.

Lo singular existe y se desarrolla de acuerdo con las leyes de lo universal, es a la vez premisa de lo universal. Así ocurre, por ejemplo, en el desarrollo de la naturaleza orgánica. Mediante la mutabilidad individual, el organismo adquiere algún nuevo rasgo singular, pueden transmitirse por herencia y, con el tiempo convertirse en un rasgo, no ya de un sujeto singular, sino de una serie de sujetos, es decir, en propiedad de una variedad dentro de la especie dada. Más tarde, esta variedad puede devenir en una nueva especie.

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Causa y efecto

Hay que diferenciar la causa y el motivo. El motivo es un acontecimiento que precede inmediatamente a otro, que hace posible su surgimiento, pero no lo origina, ni determina. Existe un nexo entre el motivo y el efecto, pero es externo, no esencial. Por ejemplo, el motivo de la sublevación de los marineros del acorazado Potiamkin en junio de 1905 fue la comida de carne putrefacta que se les dio. Pero la causa de la sublevación fue el enconamiento de las contradicciones entre el podrido régimen zarista y el pueblo, el crecimiento del espíritu revolucionario en el ejército y en la flota. La entrega a los marinos de carne en malas condiciones fue sólo el motivo, el impulso de la sublevación, pero está vinculado a ella sólo exteriormente, de manera casual. De no haber existido este motivo, otro hecho habría desencadenado sin falta la sublevación.

La dialéctica materialista superó la estrechez de la concepción metafísica de la causalidad. Mostró que la relación de causa y efecto tiene un carácter de interacción; no sólo la causa engendra el efecto, sino que el efecto puede también actuar sobre la causa y modificarla. En el proceso de interacción la causa y el efecto cambian de lugar. “Lo que ahora y aquí es efecto, adquiere luego y allí carácter de causa y viceversa” (“Anti-Dhuring”).

Citemos un ejemplo, el desarrollo del capitalismo en Rusia sirvió de causa para que se aboliera la servidumbre, pero la abolición de la servidumbre a su vez, fue la causa del ulterior desarrollo acelerado del capitalismo.

La interacción de causa y efecto significa una influencia recíproca constante, a consecuencia de lo cual cambian tanto la causa como el efecto. La interacción actúa como causa interna (causa sui, causa en sí) de las modificaciones de los fenómenos de la realidad.

El mundo como interacción de distintos fenómenos, no necesita para su movimiento y desarrollo de ningún impulso exterior, de ninguna fuerza ultra terrenal, como Dios, etc. De ahí que Engels considerase justa la tesis de Hegel de que la interacción es la verdadera causa final de todas las cosas. Nuestro conocimiento no puede ir más allá de la interacción. Lo necesario dimana de la esencia de las cosas, y en determinadas condiciones, debe ocurrir obligatoriamente. Hay que distinguir entre necesidad e ineluctabilidad. No todo lo necesario es ineluctable. La necesidad puede ser ineluctable cuando se excluyen todas las demás posibilidades y sólo queda una. En el mundo no quedan fuerzas que puedan detener el movimiento de la materia: es una necesidad inevitable. La sustitución de las formaciones socioeconómicas inferiores con otras superiores es también históricamente ineluctable: dimana de la esencia del desarrollo de la sociedad, y va implícita en las leyes internas que rigen este desarrollo.

En la ciencia existen leyes que reflejan lo necesario en un aspecto que parece depurado de casualidades: las leyes de la mecánica newtoniana. Pero hay también otro postulado que reflejan lo necesario y lo casual en su unidad. La previsión de los acontecimientos sociales presupone tener en cuenta la unidad de lo necesario y lo casual.

Tomar en consideración la dialéctica de la necesidad y de la casualidad es condición importante de la acertada actividad práctica y creadora. No pocos descubrimientos e inventos técnicos son debidos a una coincidencia feliz de circunstancias fortuitas. Por muy calculados que sean nuestros actos, están vinculados al hecho de que dejamos algo a la casualidad. El progreso de la producción y de la ciencia libera cada día más al individuo del poder de las casualidades desfavorables. En el socialismo, los hombres tienen una posibilidad cada día mayor de dirigir los procesos sociales, planificar la economía y la cultura y, con ello, preservar a la sociedad de la acción nefasta de las casualidades.

Es sabido que de la nada no puede surgir nada, y que lo nuevo sólo puede surgir de determinadas premisas implícitas en lo viejo. La existencia de lo nuevo en su estado potencial es precisamente la posibilidad. Nace un niño: lleva en sí multitud de potencias: la posibilidad de percibir, sentir, pensar y hablar. En las condiciones  correspondientes, esta posibilidad se transforma en realidad. Se entiende por realidad, en el sentido amplio de la palabra, todo lo que existe actualmente: en estado embrionario, de madurez o de marchitamiento.

Es la unidad de lo singular y lo universal, de la esencia y las diversas formas en que se manifiesta, de la necesidad y de la casualidad.

El materialismo dialéctico parte de que el desarrollo no es el despliegue de una colección de posibilidades ya preparada, sino un proceso constante de nacimiento de posibilidades en los límites de la realidad y de su transformación en una nueva realidad.

Las posibilidades, como todo en el mundo, se desarrollan: unas crecen y otras se extinguen. Para que la posibilidad se trasforme en realidad es preciso que se den las condiciones correspondientes.

Existe una diferencia esencial en la transformación de la posibilidad en la realidad en la naturaleza  y en la sociedad humana. En la naturaleza, la transformación de la posibilidad en realidad, se produce de forma espontánea. En la sociedad humana es muy distinto. La historia la hacen los hombres. Y por eso de su voluntad, grado de conciencia y actividad dependen muchas cosas en el proceso de realización de las posibilidades que lleva implícitas el desarrollo social.

La forma es la unidad de lo interno y de lo externo. La forma puede ser el modo de organización de un objeto único, de una clase de objetos, y de una multitud infinita de objetos. Según Aristóteles,  el contenido y la forma existen desde el comienzo mismo como algo autónomo, independiente lo uno de lo otro, y sólo con posteridad, al formarse una cosa, establecen estrecha relación entre sí. Para él, el papel de forma primaria, o de forma de las formas, lo desempeña Dios.

En la filosofía burguesa contemporánea se tergiversa la correlación entre el contenido y la forma. Por lo general, se separa la forma del contenido y se la convierte en absoluto. Es el origen de las manifestaciones del formalismo y del abstraccionismo en el arte. La forma pasa así a ser un valor independiente.

Al materialismo dialéctico le es ajeno todo formalismo, que coloca en primer plano la forma y las exigencias formales. Esto no significa que deba menospreciarse la significación de la forma que desempeña un papel importantísimo en la organización y el desarrollo del contenido. La forma y el contenido están unidos: no hay, ni puede haber contenido sin forma, ni forma privada de contenido. La forma y el contenido son dos contrarios que se encuentran en unidad, son polos distintos de un todo.

Entre la forma y el contenido, existe una contradicción interna. El surgimiento, desarrollo y superación de las contradicciones entre el contenido y la forma de las cosas y de los procesos, es una de las manifestaciones más esenciales y universales del desarrollo mediante la lucha de los contrarios. Lenin decía al enumerar los elementos de la dialéctica: “Lucha del contenido con la forma y viceversa. El rechazo de la forma, la transformación del contenido”.

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Esencia y fenómeno

La esencia y el fenómeno son categorías que expresan diversos aspectos de las cosas, diversos grados de profundidad con que se comprende un objeto. El movimiento del conocimiento humano va de la forma externa del objeto a su organización interna. Para el teólogo, la esencia del hombre radica en su alma inmortal, para el médico en el cuerpo, para el cocinero, en que el hombre tiene estómago, y para la lavandera, en que usa ropa interior. De ahí se llega a la conclusión de que lo esencial tiene carácter subjetivo.

En cambio, el materialismo dialéctico parte de que tanto la esencia como el fenómeno son características objetivas universales de las cosas. Por ejemplo, la esencia del modo de producción capitalista es la propiedad privada de los medios de producción o la separación de los productores directos -los obreros, los proletarios- de los medios de producción. Esta esencia del capitalismo se manifiesta en la explotación del hombre por el hombre y en la ideología del propietario privado. La esencia del socialismo es la propiedad social de los medios de producción, la ausencia de la explotación del hombre por el hombre, el perfeccionamiento constante de la producción, el carácter planificado del desarrollo de la sociedad y la unidad sociopolítica del pueblo.

¿Y qué es fenómeno? Es la manifestación externa de la esencia, la forma en que aparece. A diferencia de la esencia, que se halla oculta a la vista humana, el fenómeno está en la superficie de las cosas. La esencia como lo interno, se contrapone al aspecto externo, mutable de las cosas. La esencia se manifiesta tanto en una masa de fenómenos como en un fenómeno esencial singular.

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Naturaleza del conocimiento humano

El problema del conocimiento ocupa un lugar central en la filosofía marxista-leninista. El materialismo dialéctico patentiza la insolvencia de la corriente filosófica que pone en duda la posibilidad de que el hombre conozca la realidad objetiva (esta tendencia ha recibido la denominación de agnosticismo).

El escepticismo antiguo contenía ya, un tanto atenuada, las ideas del agnosticismo: la separación del conocimiento y la realidad existente fuera de él, la desconfianza en el carácter real del mundo exterior que se transformaba en negación de la existencia de las cosas mismas. Las bases teóricas del agnosticismo fueron asentadas por David Hume, filósofo inglés del siglo XVIII, el cual afirmaba que todo conocimiento es, en esencia, desconocimiento. Hume recomendaba basar la actividad práctica, no en el conocimiento, sino, en la fe y en la costumbre.

La variedad siguiente del agnosticismo es el Kantismo. Kant descubrió el mundo complejo y contradictorio del conocimiento, pero lo separó de las cosas del mundo real.

La filosofía  burguesa moderna no ha aportado nada “original” a la argumentación del agnosticismo, limitándose a reproducir las ideas de Kant o de Hume y, con mayor frecuencia, a presentar como novísima conquista una mezcolanza de concepciones del uno y del otro.

¿Qué actitud mantiene el agnosticismo ante las dos líneas fundamentales de la filosofía: el materialismo y el idealismo? Es errónea la idea simplista de que todos los filósofos idealistas son agnósticos. Descartes, Leibniz, Hegel y otros, no fueron agnósticos. Como señala Hengels. Hegel refutó el agnosticismo “en la medida en que podía hacerse desde una posición idealista”. El agnóstico no va más allá. Ni hacia el reconocimiento materialista de la realidad del mundo exterior, ni hacia el reconocimiento idealista del mundo como sensación nuestra.

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Sujeto y objeto

El proceso de enriquecimiento del hombre con nuevos conocimientos es lo que se denomina cognición. En la historia de la filosofía hay pensadores que consideran imposible por principio que el hombre conozca la esencia de las cosas.

Feuerbach criticó la concepción idealista de que la conciencia es el sujeto del conocimiento, señalando justamente que la conciencia es un predicado, una propiedad del hombre. Podría creerse que Feuerbach, en su concepción del conocimiento, tiene en cuenta al hombre concreto, poseedor de esencia natural. Pero como destacaba Marx, Feuerbach “no llega nunca hasta el hombre realmente existente, hasta el hombre activo, sino que se detiene en el concepto abstracto de “el hombre”, y solo consigue reconocer en la sensación “el hombre real, individual, corpóreo”.

¿Cómo adquiere el hombre su esencia concreta real? Al hombre le son inherentes las propiedades del sujeto natural directo, incluida la sensibilidad, pero él mismo crea su segunda naturaleza, su naturaleza social: la cultura, la civilización. Por medio del trabajo se crea a sí mismo, no simplemente apropiándose de los objetos de la naturaleza, sino modificándolos de conformidad a sus necesidades.

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Carácter socio histórico del conocimiento

El influjo que ejercen en el hombre los objetos de la naturaleza y los procesos sociales es una condición de la cognición. La cognición es la capacidad del ser humano para conocer por medio de la percepción y los órganos del cerebro. La humanidad y la naturaleza son dos sistemas de diferente cualidad, pero ambos materiales. El hombre es un ser social y material y actúa de manera material. La existencia en él de conciencia y voluntad ejerce una influencia sustancial en esa interacción, pero esta última no pierde su naturaleza material. El hombre actúa con todos sus medios, con las cosas de la naturaleza, transformándolos y, al mismo tiempo, transformándose.

Esta actividad material concreta de los hombres se denomina práctica. No se puede limitar la práctica al ámbito de la producción. En ese caso, el hombre se transforma sólo en un ser económico, que satisface por medio del trabajo sus necesidades de alimentos, ropa, vivienda, etc., y su conciencia adquiere un carácter puramente técnico.

Los órganos naturales del hombre han modificado su finalidad y su función en el proceso del desarrollo social. “Vemos pues -dijo Engels-, que la mano no sólo es, el órgano del trabajo; es también producto de él”.

El conocimiento es el resultado del proceso cognoscitivo.

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Dialéctica del proceso cognoscitivo

El conocimiento no existe como un cierto estado, como algo estático, sino como un proceso de movimiento hacia la verdad objetiva, completa y multifacética. Este proceso está compuesto de multitud de momentos y aspectos entre los que existe un nexo necesario.

La filosofía distinguió hace ya mucho dos elementos que constituyen la cognición: lo sensorial y lo racional (el pensamiento en sus diversas formas: conceptos, juicios, deducciones, hipótesis y teorías). El hombre está unido al mundo exterior sólo a través de los órganos de los sentidos. “La primera premisa de la teoría del conocimiento -dice Lenin- es, indudablemente, que las sensaciones son el único origen de nuestros conocimientos”. Las sensaciones son la fuente del conocimiento. Pero ¿Cuál es la fuente de las propias sensaciones? Es el sensualismo idealista (Berkeley, Hume, Mach y sus adeptos), los cuales considera, que las sensaciones y las percepciones son la última realidad con que tratamos.

Este sensualismo, o niega la existencia de la realidad objetiva o estima carente de sentido plantear el problema del origen de las sensaciones y percepciones. Fuera de nosotros, independientemente de nosotros y de nuestra conciencia, existe el movimiento de la materia, por ejemplo, ondas  de una longitud determinada y de una frecuencia determinada que, al excitar la retina, producen al hombre la sensación de tal o cual color, etc. Y esto es precisamente materialismo: la materia al excitar nuestros órganos de los sentidos, suscita la sensación. La sensación depende del cerebro, de los nervios de la retina, etc., es decir, de la materia organizada de determinada manera.

Las sensaciones y las percepciones, origen de los conocimientos del hombre, poseen autenticidad. Existe una concordancia natural entre el mundo exterior y los datos de los órganos sensorios, lo que es el resultado de la evolución de los seres vivos y su adaptación al medio circundante. De ahí, por ejemplo, que al comprobar un conocimiento teórico no despreciemos la autenticidad sensorial. La tesis del sensualismo proclamada por el filósofo inglés Jhon Loske, que explica que “en la razón no hay nada que no haya existido inicialmente en los sentidos”, era una manifestación  de la estrechez metafísica denominada empirismo. Desde el punto de vista del empirismo, el conocimiento no sólo tiene su origen en las sensaciones y las percepciones, sino que, en el fondo acaba en ellas.

Mientras que los empíricos exageran el papel  del reflejo sensorial, los adeptos de otra corriente denominada racionalismo. Los racionalistas (Descartes, Espinoza y otros) opusieron la contemplación sensorial de los empíricos, la contemplación intelectual “suprasensorial”. Propusieron el concepto de intuición intelectual, por medio de la cual la razón, dando de lado los datos sensoriales, puede conocer directamente la esencia de las cosas y de los procesos.

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Niveles del conocimiento: empírico y teórico, abstracto y concreto. Unidad del análisis y la síntesis

Lo sensorial y lo racional son los aspectos fundamentales de toda cognición. Pero en el proceso cognoscitivo se pueden distinguir también diferentes niveles, diferentes grados cualitativamente específicos del conocimiento. Entre estos niveles deben destacarse en primer término dos: el empírico y el teórico.

El conocimiento empírico representa un nivel cognoscitivo cuyo contenido procede, en lo fundamental de la experiencia (de las observaciones y los experimentos), expresada con un lenguaje determinado. Por ejemplo, incluso un objeto del conocimiento físico moderno como las partículas elementales, está al alcance del conocimiento empírico.

Los datos que proporcionan las observaciones y los experimentos constituyen la base empírica de la cual arranca la cognición en su movimiento ulterior. La obtención de estos datos adquiere una importancia tan grande en el conocimiento que en algunas ciencias aparece una división del trabajo: unos científicos se dedican especialmente a obtener datos experimentales. No en vano se habla de la física, la biología, la fisiología y la sicología experimentales, etc. El experimento se utiliza también con amplitud creciente en distintas ramas de las ciencias que tratan de la sociedad.

El conocimiento teórico es otro nivel de la investigación diferente del empírico. La misión del conocimiento teórico consiste, dicho sea con palabras de Marx, en “reducir los movimientos visibles y puramente aparentes a los movimientos reales e interiores”.

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Lo histórico y lo lógico

El método histórico está vinculado al esclarecimiento de las distintas etapas de los objetos en su sucesión cronológica en las formas concretas de manifestación histórica. Necesitamos, pongamos por caso, reproducir el desarrollo del capitalismo. El método histórico exige que la descripción de este proceso comience con el surgimiento y desarrollo del capitalismo en los distintos países de Europa y América, señalando los numerosos detalles y formas concretas que expresaban tanto lo universal, lo necesario, como lo particular, lo singular, y lo casual. Este método tiene sus méritos, por cuanto trata de comprender el movimiento histórico en toda su riqueza.

El otro método -el lógico- señala precisamente como misión, reproducir en forma teórica, en un sistema de abstracciones, la esencia, y el contenido principal en el movimiento del objeto. Este método tiene también la ventaja sobre el histórico de que permite unir entre sí dos elementos imprescindibles de la investigación: el estudio de la estructura del objeto dado y la concepción de su historia en la unidad irrompible de ambas.

Carlos Marx tomó como base en “El Capital” el método lógico de investigación. En esta obra no describe de manera sistemática la historia de las relaciones de producción capitalista. No la sigue literalmente paso a paso, sino que analiza la estructura económica del capitalismo en su forma madura clásica. Sin embargo, como señala Lenin, en ella se expone al mismo tiempo “la historia del capitalismo y el análisis de los conceptos que la resumen”.

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La dialéctica y la lógica formal

La lógica estudia las formas del pensar. Se considera que su fundador fue Aristóteles, en cuyas obras agrupó y sistematizó por vez primera, problemas que más tarde recibieron la denominación de lógicos. En la edad moderna F. Bacon y otros pensadores hicieron una gran aportación al desarrollo de la lógica.

Las exigencias fundamentales de la lógica dialéctica, formuladas por Lenin son las siguientes:

1) Abarcar todos los aspectos del objeto en el pensamiento.

2) Tomar el objeto en su desarrollo, en su “auto movimiento”

3) Toda la práctica del género humano debe entrar en la “definición” completa del objeto.

4) La lógica dialéctica enseña que la verdad abstracta no existe, la verdad es siempre concreta.

La acumulación de hechos es parte importante de la investigación científica, pero no resuelve por sí sola los problemas. Hace falta un sistema de conocimiento que describa y explique el fenómeno o proceso que nos interesa. Este sistema puede encontrarse a niveles distintos: conjetura, hipótesis y teoría científica fidedigna.

El tránsito de la conjetura a la hipótesis lleva en sí el hallazgo de argumentos que según la expresión de A. Einstein transforman “un milagro en algo comprensible”.

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Realización práctica del conocimiento

El conocimiento surge y se desenvuelve sobre la base de la actividad práctica del hombre y sirve a ésta por cuanto crea el prototipo de cosas y procesos posibles y necesarios para el individuo. Por ello, el conocimiento debe ser, a fin de cuentas, realizado en la práctica de un modo o de otro. Más para ello ha de adquirir la forma correspondiente, convertirse en idea. La idea es el pensamiento que ha alcanzado un alto grado de objetividad, plenitud y concretamiento. Al mismo tiempo, está orientado a la realidad práctica.

Por lo tanto, para que un conocimiento pueda ser realizado, debe convertirse en idea, en la cual se funden en un todo único, tres factores:

1) Conocimiento concreto integral del objeto.

2) Aspiración a realizarlo en la práctica, es decir, a materializarlo.

3) Finalidad: proyecto de la acción del sujeto, plan con que se pretende modificar el objeto. Así hablamos de las ideas de la revolución socialista, de las ideas de la conquista del espacio cósmico por el hombre, de las ideas del empleo de la energía atómica en la economía nacional, etc.

Las ideas son realizadas prácticamente por los hombres con la ayuda no sólo de medios materiales (instrumentos de trabajo), sino también con con las fuerzas espirituales del individuo (voluntad, emoción, etc.). Como decía Lenin, “el mundo no satisface al hombre y éste decide cambiarlo por medio de su actividad”.

El marxismo rechaza la sustitución del conocimiento con la fe o la costumbre, (la fe fanática). Establece una rigurosa diferencia entre la fe ciega en los dogmas en que se asienta la religión y el convencimiento del hombre basado en el conocimiento de la realidad objetiva.

De una parte, la práctica, como proceso histórico objetivo, está subordinada a los fines del hombre, expresados en sus ideas; de otra parte, rebasa esos límites y crea algo nuevo. Por eso es siempre racional e irracional al mismo tiempo.

Lo racional como tendencia principal del desarrollo de la cognición existe en dos formas: el raciocinio y la razón propiamente dicha. En su actividad, el raciocinio opera con formas de pensamiento, con abstracciones, según un esquema o patrón dado, sin tomar en consideración el propio método, sus límites y posibilidades. El raciocinio divide el todo, lo único, en contrarios que se excluyen mutuamente, sin saber abarcarlos en la unidad  de la interpretación.

A diferencia del raciocinio, la razón opera con conceptos, tomando en consideración su contenido y su naturaleza. Con su ayuda se reflejan los fenómenos y los procesos de una manera creadora activa y orientada a un fin concreto. La razón humana es un instrumento de la actividad transformadora, de la creación de un mundo que corresponde a las necesidades y la esencia del hombre. Tiende a rebasar los límites del sistema de conocimiento existente, y a crear otro nuevo que exprese con mayor plenitud y objetividad los fines del hombre. Mientras que para el raciocinio es peculiar el análisis, para la razón los es la síntesis como forma de hacer llegar al más alto nivel la capacidad humana. El conocimiento humano es la unidad de la actividad raciocinadora y racional, desde cuyas cimas se comprende la realidad objetiva y se trazan las vías de su cambio racional

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Métodos de obtención del conocimiento empírico

Hemos examinado los métodos de investigación de las cosas como objetos idealizados, estructuras y sistemas. Pero semejante investigación no proporciona todavía un conocimiento concreto de esos objetos. Para conseguirlo es imprescindible la investigación empírica y teórica. La observación es la percepción sensorial del objeto estudiado. La facultad de sentir, percibir y representarse los objetos del mundo que nos rodea está ligada en cierta medida, a la naturaleza fisiológica del hombre, y puede manifestarse como resultado de su actividad práctica.

La ciencia tiene la posibilidad de acrecentar el poder cognoscitivo de los órganos sensoriales con la ayuda de aparatos. El microscopio aumenta la capacidad del ojo de ver los detalles más minúsculos de los objetos. Los seres humanos miraron al cielo durante milenios y no vieron ni las manchas del Sol, ni los satélites de Júpiter, ni los anillos de Saturno. Pero en cuanto Galileo dirigió un telescopio al cielo, todo estuvo al alcance de la cognición humana.

El materialismo dialéctico aborda este problema desde el punto de vista de la unidad de dos contrarios: estabilidad y mutabilidad. Los métodos concretos de separar lo constante en lo mutable son elaborados por la lógica.

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