Rete dei Comunisti, la República Bolivariana de Venezuela y la revolución socialista en Italia
Nuevo Partido Comunista de Italia
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Publicamos este trabajo del Nuevo Partido Comunista de Italia que, aunque sea principalmente una crítica concreta a las posiciones de Rete dei Comunisti, plantea también en lo fundamental una posición en cuanto a la actualidad de la República Bolivariana de Venezuela, basada en un análisis materialista dialéctico. Análisis que merece tener en cuenta por todos los comunistas. Tanto la posición sobre Venezuela, como la crítica a Rete dei Comunisti, tienen un valor de actualidad también para nuestro país, un país imperialista al igual que Italia, y sus valoraciones entran directamente en la lucha de líneas dentro del movimiento comunista sobre la lucha antimperialista y la revolución socialista en los países imperialistas y en los oprimidos. Cuanto menos, desde Unión Proletaria consideramos que este trabajo tiene mucho interés.
Unión Proletaria
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Con el comunicado difundido el 25 de julio, Rete dei Comunisti (RdC) anuncia la ruptura de toda relación con la actual dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y con el Gobierno venezolano porque, después del ataque militar y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, llevados a cabo el 3 de enero de 2026 por un comando de élite del ejército estadounidense, habrían iniciado un proceso de liquidación de la experiencia revolucionaria bolivariana y de capitulación en todos los terrenos ante los imperialistas estadounidenses. En los días posteriores, Rete dei Comunisti reafirmó su posición, en particular en la extensa entrevista en la que Luciano Vasapollo, dirigente de la organización y principal promotor de las relaciones de esta última con instituciones y organizaciones revolucionarias venezolanas, concluye que «como antiimperialistas coherentes denunciamos la capitulación de Venezuela».
No sabemos si y cómo la ruptura de las relaciones de RdC con la dirección del PSUV y con el Gobierno venezolano influirá inmediatamente en la lucha que se desarrolla en la República Bolivariana de Venezuela entre las fuerzas revolucionarias encabezadas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y las clases reaccionarias venezolanas (la burguesía compradora y la burguesía burocrática), apoyadas por la Comunidad Internacional de los grupos imperialistas estadounidenses, sionistas y de la UE: entre avanzar en la transformación económica, política, social y cultural y consolidar el nuevo poder (es decir, instaurar el socialismo —dictadura del proletariado, expropiación de los capitalistas, gestión planificada de la actividad económica, participación de las masas populares en la gestión de la vida colectiva—) o impedir que las masas populares se movilicen y se organicen a gran escala para resolver por sí mismas sus problemas económicos, sociales y culturales; entre hacer frente a la agresión (armada o no armada, abierta o encubierta: guerra económica, golpes de Estado progresivos, intervención armada) del imperialismo, en particular de los grupos imperialistas estadounidenses y sionistas, o reintegrar Venezuela en el sistema imperialista mundial.
De lo que sí estamos seguros es de que, con su posicionamiento, RdC ha prestado un mal servicio a la lucha por instaurar el socialismo en nuestro país. Y de este modo incumple el internacionalismo proletario del que hace gala. El corazón, el núcleo del internacionalismo proletario practicado por el movimiento comunista consiste, en efecto, en llevar a buen término la revolución socialista en el propio país, no principalmente —y mucho menos únicamente— en dar a conocer a las masas populares italianas los avances y las victorias de los movimientos revolucionarios que se desarrollan en otros países, en denunciar la complicidad de la clase dominante de nuestro país (los dirigentes de la República Pontificia) con las agresiones y maniobras de los imperialistas estadounidenses y sionistas, en connivencia con las clases reaccionarias locales de los países donde se desarrollan movimientos revolucionarios, ni en organizar la recogida y el envío de ayuda a las poblaciones de los países que los imperialistas estadounidenses y sionistas mantienen bajo asedio. Esto se aplica especialmente a nosotros, los comunistas italianos y de los demás países imperialistas, porque la instauración del socialismo en los países imperialistas es el paso determinante para el éxito del socialismo en todo el mundo.
Rete dei Comunisti afirma a menudo que es necesario utilizar «la caja de herramientas del pensamiento marxista y leninista para interpretar la dinámica fundamental oculta bajo la capa de las formas». Sus dirigentes estarán de acuerdo en que la «caja de herramientas del pensamiento marxista y leninista» incluye el materialismo dialéctico como instrumento para comprender la realidad. Pero utilizar el materialismo dialéctico para comprender la realidad significa examinar e investigar cada cosa preguntándose y tratando de comprender: 1. su historia (el origen, el recorrido realizado): todo está en movimiento, todo se transforma; 2. sus vínculos con el resto de la realidad (sus relaciones): todo es componente de un conjunto más amplio. Pues bien, ¿cuál es el sentido de las medidas adoptadas desde enero hasta hoy por la dirección del PSUV y por el Gobierno venezolano? ¿Qué relación guardan con las transformaciones políticas, económicas y sociales iniciadas por Chávez y continuadas por Maduro y cómo inciden en ellas? La línea que el Gobierno venezolano y la dirección del PSUV, declaran, consiste en evitar el enfrentamiento frontal con los imperialistas estadounidenses (a esto corresponden medidas como la extradición de Alex Saab y el permiso de entrada de tropas estadounidenses y sionistas después del terremoto), impedir la unión del ala izquierda y del ala derecha de la burguesía venezolana (a esto corresponde la amnistía de abril), crear una red de cooperación económica con actores internacionales diversificados, vinculados tanto al grupo BRICS+ como a multinacionales de países imperialistas que históricamente mantienen relaciones comerciales con el país (es el caso de las empresas energéticas Shell, Chevron, Repsol y ENI), de manera que resulte problemático para los imperialistas estadounidenses completar la agresión contra Venezuela sin causar daños colaterales a sus propios intereses, dentro y fuera del país (nueva ley de hidrocarburos, reforma de la Ley Antibloqueo, etc.).
Con el comunicado del 25 de julio, RdC da por terminado el proceso revolucionario bolivariano («capitulación política e ideológica en todos los terrenos»), pero al mismo tiempo reconoce que hay «compañeros y compañeras en Venezuela que mantienen una perspectiva revolucionaria en la línea del chavismo, empezando por los comités de los barrios populares».
Sin embargo, no dice cuál es la línea que estos últimos proponen para hacer frente a la agresión de los imperialistas estadounidenses salvaguardando lo esencial de las conquistas de la revolución bolivariana en el ámbito político y económico, desarrollando las fuerzas productivas del país, etc. Nada de todo esto aparece en el comunicado del 25 de julio, ni en la entrevista de Luciano Vasapollo, ni en otros artículos sobre Venezuela publicados recientemente en Contropiano.
La lucha entre las dos líneas en el movimiento comunista, entre las dos clases (el proletariado contra la burguesía) y entre las dos vías en la sociedad (la vía que, mediante la instauración y construcción del socialismo, conduce a la sociedad comunista y, por otro lado, la vía que conduce a la destrucción de las condiciones de existencia de la especie humana) caracteriza la época imperialista. Es una de las enseñanzas del marxismo-leninismo-maoísmo. La medida en que evaluamos correctamente el curso de los acontecimientos en un país depende del nivel de nuestra comprensión del desarrollo de estas tres luchas en ese país. Las tres luchas están concretamente conectadas entre sí en cada país de una manera particular que deriva de la propia historia del país y, por tanto, de la combinación entre sus relaciones (económicas, políticas y culturales) internas y las que mantiene con el resto del mundo.
Puede suceder que el PSUV y las demás fuerzas revolucionarias retrocedan al sufrir la agresión estadounidense del 3 de enero y que, como consecuencia, todo lo que habían construido comience a pudrirse y se derrumbe, dado que en una lucha es imposible detenerse cuando uno quiere. Puede suceder que la vía que siguen ahora el PSUV y las demás fuerzas revolucionarias venezolanas conduzca a la revolución bolivariana a un callejón sin salida. Cosas análogas ya han sucedido en otros casos y en otros países.
La historia de América Latina está repleta de ejemplos de revoluciones que despliegan todas sus energías en mejorar las condiciones de las masas populares y algunas incluso en organizar a las masas populares hasta llegar a un límite que las clases dominantes consideran insuperable, sienten amenazado su dominio y, en ese momento, aplastan el movimiento revolucionario, devolviendo a las masas populares al punto de partida tanto en el plano de las condiciones de vida como, peor aún, en el de las condiciones políticas. En América Latina, hasta ahora, solo la revolución cubana ha escapado a semejante trayectoria: aplastó radicalmente a las fuerzas reaccionarias y arrojó al mar a las antiguas clases dominantes mediante una transformación radical de las relaciones de producción, beneficiándose también del hecho de que la primera oleada de la revolución proletaria promovida por la Revolución de Octubre todavía era fuerte en la URSS y avanzaba en otros países.
Ni el comunicado del 25 de julio ni la entrevista de Luciano Vasapollo ofrecen un análisis detallado del curso actual de los acontecimientos en Venezuela y mucho menos explican las dos líneas que se enfrentaban y se enfrentan dentro de la dirección del PSUV y de las fuerzas revolucionarias y progresistas. Es probable que su posicionamiento suscite oposición incluso dentro de RdC, teniendo en cuenta también otras limitaciones de RdC.
En el curso desastroso de los acontecimientos de estos últimos años, desde la pandemia de Covid-19 hasta hoy, en opinión de muchos dirigentes de Rete dei Comunisti han madurado las condiciones objetivas que hacen posible plantear la perspectiva estratégica del socialismo también en un país imperialista como Italia. Pero RdC plantea la consigna del socialismo sin hablar nunca de revolución socialista, es decir, de cómo llegar a instaurar el socialismo en nuestro país, sino que, por el contrario, acompaña la propaganda del socialismo con declaraciones como «ni que estuviéramos locos pensando que podemos hacer la revolución en Occidente» (Mauro Casadio, dirigente de RdC, en la introducción del foro El jardín y la jungla de marzo de 2024), «estamos en un período de transformaciones sociales que debemos aprovechar y debemos estar preparados, pero todavía no es un período de revolución social» (también Mauro Casadio, en la introducción del foro El imperialismo: ¿de capitalista a depredador? de mayo de 2026). Y el socialismo que Rete dei Comunisti señala como «alternativa de sociedad que oponer a la jaula euroatlántica» es el llamado «socialismo del siglo XXI», expresión que toma prestada de las fuerzas revolucionarias bolivarianas para renegar de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria mundial y, en particular, de la de los primeros países socialistas, y para dejar de lado las enseñanzas —sintetizadas en el maoísmo— que aquella experiencia proporcionó sobre la estrategia de la revolución socialista en Italia y en los países imperialistas (guerra popular revolucionaria), sobre cómo se abre camino la revolución proletaria (lucha entre dos líneas) y sobre la revolución propia de los países atrasados oprimidos por el sistema imperialista mundial (revolución de nueva democracia).
Rete dei Comunisti presentó primero la revolución bolivariana como vía de la revolución socialista de nuestro país o incluso como vía universal hacia el socialismo del siglo XXI, contraponiendo de hecho una supuesta «vía pacífica y democrática al socialismo», que ya daban por instaurado en Venezuela, a la primera oleada de la revolución proletaria dirigida por Lenin, Stalin y Mao Tse-tung, que se abrió camino mediante una guerra victoriosa contra las potencias imperialistas, contra los nazifascistas y contra los reaccionarios de todo el mundo, hasta el derribo del sistema colonial y las gloriosas victorias de Corea, Cuba y Vietnam. Ahora da por iniciada la vía de la capitulación por parte de las autoridades y fuerzas revolucionarias bolivarianas, señalando algunas medidas tomadas por la nueva dirección venezolana y gritando al traición. Pero, para quien conduce la revolución socialista (la guerra popular revolucionaria), cada movimiento es solo un peldaño sobre el que asciende y desde el cual ascenderá después al siguiente, o bien un componente cuyo significado viene definido por el contexto al que está vinculado dentro de su plan de operaciones.
La revolución bolivariana se ha desarrollado hasta ahora sin instaurar la dictadura de las fuerzas populares revolucionarias, es decir:
- sin que las masas populares revolucionarias organizadas tomaran el poder en cada zona del país, ejercieran el papel de autoridades públicas, tomaran libremente decisiones y pusieran directamente en práctica las decisiones adoptadas;
- sin quitar a la burguesía y a su clero la prensa, las televisiones, las escuelas, las editoriales, las universidades, las instituciones culturales y los demás medios de comunicación, confusión, distracción e intoxicación de las ideas y sentimientos de las masas, de los que son propietarios casi exclusivos no solo a nivel internacional sino también en cada país; sin quitarles los medios de acción y conspiración política (locales, libertad de comunicación, organización y propaganda política, obligación de todo adulto de realizar un trabajo útil y a tiempo completo, etc.) y, en general, la actividad política; sin eliminar por completo las mil instituciones mediante las cuales la burguesía imperialista internacional y sus aliados y agentes locales imponen al pueblo su hegemonía cultural y política;
- sin crear sus propias fuerzas armadas y reformando solo parcialmente las fuerzas armadas ya existentes, formadas y entrenadas por los grupos imperialistas estadounidenses para la represión abierta y sangrienta o subrepticia y secreta contra las masas populares;
- sin crear un aparato productivo en manos del pueblo y dejando fundamentalmente en manos de la burguesía internacional y, sobre todo, de la burguesía y el clero locales, la mayor parte del aparato de producción y distribución, del aparato de importación y exportación, de los bancos y de las demás instituciones monetarias y financieras.
No pretendemos decirles a los protagonistas de la revolución bolivariana si la vía que han seguido después del 3 de enero y que siguen ahora es correcta o equivocada, ni si conducirá a la instauración del socialismo o a una nueva y victoriosa contraofensiva imperialista como las de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. El marxismo y, más en general, la concepción comunista del mundo nos enseñan la unidad entre teoría y práctica; nos enseñan que la revolución socialista y la revolución de nueva democracia son procesos universales (procesos comunes de toda la humanidad que el capitalismo ha unificado) que, sin embargo, deben traducirse de un país a otro y de una fase a otra en estrategias particulares; nos enseñan que solo el partido que hace la revolución en un país está en condiciones de evaluar las condiciones y descubrir el camino para llevarla a cabo: en efecto, no se trata de elaborar interpretaciones sobre el país, sino de transformarlo.
Pero estamos en contra de las tesis de quienes proponen también para Italia vías aparentemente análogas a las de las fuerzas revolucionarias bolivarianas. En realidad, en nuestras condiciones concretas, son la repetición de la «vía parlamentaria y pacífica al socialismo» (con su correspondiente «apoyo político de las masas» en el Parlamento y en las demás asambleas electivas de la República Pontificia), es decir, un socialismo sin dictadura del proletariado y sin revolución.
Persiguiendo el sueño de que sea posible conciliar capitalismo y socialismo y, por tanto, de que no sea necesaria la revolución socialista, Rete dei Comunisti va de la mano de algunos defensores del multipolarismo que interpretan la Nueva Política Económica (NEP) de los años 20 en la Unión Soviética como precursora del «socialismo de mercado» y miran al período del capitalismo con rostro humano en nuestro país (1945-1975). En sus Tesis políticas de junio de 2021, RdC auspiciaba «la sustitución del sistema actual —fundado en la prioridad absoluta de la empresa privada, orientada únicamente por el beneficio individual (empresarial o personal)— por otro gobernado por el interés colectivo. Por tanto, por un sistema de programación y planificación, tendencialmente socialista». (…) «En torno al desafío político lanzado por China en el plano internacional se abren para los comunistas posibilidades inéditas. Este desafío ha planteado y plantea una cuestión teórica de no poca importancia: ¿en qué medida un proyecto de transformación social puede utilizar temporalmente el modo de producción capitalista para determinar, en cualquier caso, modificaciones socialistas? Sigue siendo válido, en cualquier caso, que en la crisis de hegemonía de EE. UU., frente a una posible alternativa como la china, se vislumbra un cambio de rumbo en el curso de los acontecimientos, la afirmación de una necesidad objetiva, que vuelve a poner la historia en la dirección correcta después de que se hubiera intentado ‘tirar al niño con el agua sucia’». Donde el niño son la NEP y la programación y planificación estatal, y el agua sucia son la dictadura del proletariado y el socialismo que, bajo la dirección de Stalin y en el marco de la Internacional Comunista, la Unión Soviética había construido entre 1924 (con el inicio de la superación de la NEP) y 1941, pese no solo a las sanciones económicas, comerciales y financieras de las potencias imperialistas y del Vaticano, sino también a los sabotajes, las agresiones y los asesinatos selectivos (Kírov fue la víctima más ilustre) que se sucedían sin descanso; con lo cual se había convertido en una gran potencia económica, tecnológica y científica, había evitado que Francia, Gran Bretaña y EE. UU. se coaligaran con la Alemania nazi en la agresión de 1941 y había vencido, y al mismo tiempo había funcionado como base roja mundial (desde Asia hasta África y América Latina, llegando incluso a los propios países imperialistas) de la revolución socialista y de nueva democracia. Lo de RdC no es un sueño que se adelanta al futuro, sino una ilusión destinada a hacerse añicos: no se basa ni en el análisis concreto de la situación ni en el balance de la experiencia de la primera oleada revolucionaria (sino, como mucho, en las «narrativas» sobre ella). En efecto, no tiene en cuenta las diferencias entre los países imperialistas y los países atrasados, coloniales y semicoloniales, donde la creación de fuerzas productivas modernas es una tarea ineludible de la revolución socialista, pero para cumplirla, una vez hecha la revolución de nueva democracia, la burguesía puede plantearse en cada país como alternativa a la clase obrera. Pasa por alto, como si fuera irrelevante, que cuando los bolcheviques aplicaron la NEP ya tenían el poder en sus manos y que de la NEP pasaron a los planes quinquenales. Olvida que las conquistas del capitalismo con rostro humano fueron fruto de la combinación entre la fuerza del movimiento comunista en Italia y en el mundo, el período de recuperación y desarrollo del capitalismo después de las destrucciones y convulsiones de las dos guerras mundiales y la línea promovida por los revisionistas modernos a la manera de Togliatti, alternativa a la instauración del socialismo: los empresarios y sus autoridades se adaptaron a ellas aunque fueran contrarias a su naturaleza, no por benevolencia sino para no perderlo todo.
Después de las derrotas sufridas por el movimiento comunista en los últimos 40 años, muchos comunistas y otras personas generosas están desmoralizados y han perdido la confianza en que sea posible instaurar el socialismo. Muchos de los primeros países socialistas se han derrumbado. Muchos partidos comunistas han degenerado hasta desaparecer o cambiar de naturaleza. Muchas revoluciones victoriosas han sido, de una manera u otra, corrompidas y derrotadas por los imperialistas. En realidad, todas estas derrotas no fueron fatales ni se debieron principalmente a la fuerza de los imperialistas y los reaccionarios. Fueron consecuencia de las limitaciones de los propios comunistas, de la insuficiente comprensión que nosotros, los comunistas, habíamos alcanzado del movimiento social en curso, de la incapacidad intelectual y moral del movimiento comunista consciente y organizado para desarrollar una línea de acción adecuada a las condiciones concretas. El maoísmo nos ha mostrado las causas de las derrotas pasadas y nos ha proporcionado las herramientas para reanudar la ofensiva. Debemos, por tanto, poner en práctica todo aquello de lo que somos capaces para que los éxitos alcanzados hasta ahora por las fuerzas revolucionarias venezolanas sean un peldaño hacia victorias aún mayores, aunque no podemos garantizar que la revolución bolivariana avance, desemboque en la revolución socialista y se fusione con la segunda oleada victoriosa de la revolución proletaria mundial. En última instancia, esto depende principalmente de los comunistas y de las masas populares de Venezuela. La revolución bolivariana tiene muchos enemigos dentro y fuera de Venezuela. Con cada nuevo paso adelante que dé la revolución, la línea correcta que seguir deberá ser descubierta y deberá imponerse frente a las impugnaciones y las incomprensiones que la obstaculizarán dentro de las propias fuerzas revolucionarias: toda verdad se afirma solo poco a poco, luchando contra los errores; todo fenómeno nuevo se comprende solo gradualmente porque debemos superar prejuicios y hábitos arraigados; la influencia de las antiguas clases dominantes sobre las masas populares y sobre nosotros mismos, los comunistas, puede ser limitada y contenida, pero desaparecerá por completo solo cuando desaparezcan las antiguas clases. Cuanto más conscientes seamos de los riesgos que corremos, mejor podremos evitarlos. Nunca debemos desanimarnos ante posibles derrotas.
La lucha que se desarrolla en Venezuela forma parte de nuestra lucha: no nos dejemos desviar por quienes la instrumentalizan contra la revolución socialista en nuestro país.
Aprender de la experiencia es un aspecto imprescindible de la concepción comunista del mundo.
El debate franco y abierto es una herramienta indispensable para llegar a la verdad.
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