Limpiar nuestra casa para poder salir a la calle
Luis Comas
.
La lucha por la reconstitución del Partido Comunista en España viene de largo, realmente desde los años 50 del siglo pasado. Pero, particularmente, desde la caída de la Unión Soviética la idea de la necesidad de reconstitución del PC, ante la degeneración oportunista del PCE y de otras organizaciones comunistas, tiene su continuidad nada más comenzar los años 90 del siglo XX. En esta lucha, con esta ambición reconstituyente, nacieron en estos momentos, es posible que entre otros, el Partido Comunista Revolucionario (PCR), con su órgano La Forja, y el Movimiento Antiimperialista (MAI), con su revista El Martinete. Estas organizaciones funcionaron durante años priorizando el análisis teórico, imbuyéndose en sí mismas, desviándose hacia una tendencia izquierdista-idealista con sus Tesis de Reconstitución y su teoría sobre la Nueva Orientación que había que darle a la ideología comunista. En la lucha contra estas posiciones, en una lucha de líneas interna muy importante, donde surgieron análisis teórico-políticos de bastante calado, las posturas marxista-leninistas triunfaron en estas organizaciones, tanto en el PCR, como en el MAI, frente a las del comunismo izquierdista-idealista que abogaban por la «reconstitución del comunismo». Sobre la base de esta lucha dentro de esas organizaciones, de la asunción de la política marxista-leninista y de las necesidades de la reconstitución bolchevique del Partido Comunista, nació Unión Proletaria.
El artículo que publicamos hoy se inscribe dentro de esta lucha de líneas de las posiciones marxista-leninistas dentro del PCR, frente a las izquierdistas-teoricistas. Fue publicado en La Forja, en enero de 2005, y escrito por uno de los camaradas de la mayoría fundadora de Unión Proletaria. Pero, ¿por qué recuperarlo y publicarlo ahora? Pues, porque las necesidades de la reconstitución bolchevique del Partido Comunista en España exigen la lucha contra todo tipo de tendencias de actualidad que la niegan. Y, en la actualidad, no solamente aparecen las tendencias oportunistas de derecha, revisionistas o reformistas; ni solamente existen las tendencias oportunistas de izquierda espontaneístas, las izquierdistas prácticas o las que abogan por un ‘economismo imperialista’. También siguen existiendo las desviaciones izquierdistas-idealistas, a las que es necesario combatir, aunque sea a su influencia en ciertas organizaciones. Todas estas desviaciones lastran las enseñanzas del marxismo-leninismo y, por tanto, la lucha por la reconstitución. De cualquier manera, las luchas de líneas, aunque aparentemente sea de hace mucho tiempo, generan política comunista necesaria actualmente, pues a través de la lucha necesitamos generar unidad. En definitiva, este artículo está de plena actualidad.
Unión Proletaria
*********
Limpiar nuestra casa para poder salir a la calle
.
Al igual que “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”[1], la historia del marxismo puede definirse, hasta cierto punto, como la historia de la lucha de líneas en su seno, entre la línea revolucionaria y las diversas líneas desviacionistas que se veían influenciadas por la ideología dominante burguesa. La lucha de líneas teórica siempre ha obedecido a las diferentes líneas de actuación política en cada momento. Así se ha desarrollado el marxismo-leninismo como teoría revolucionaria. Hoy también es precisa esta lucha dentro de nuestro movimiento. Se ha puesto al orden del día la necesidad de desenmascarar la desviaci6n izquierdista-idealista. No puede ni debe ocultarse. Hay que realizar contra ella una lucha global en toda su manifestaci6n para poder dibujar una línea de demarcación entre la política proletaria y la pequeño-burguesa. Si por una lucha por cuestiones de matiz puede depender el futuro de todo el movimiento (como nos decía Lenin en su “¿Qué hacer?”), en una lucha de líneas contra toda una concepción se puede eliminar el movimiento comunista dando muchos pasos atrás.
¿Por qué se ha negado la discusión?, ¿por qué se ha negado la resolución de la contradicción?, ¿por qué se ha impedido el desarrollo? Son cuestiones que debemos analizar, desarrollando la lucha de líneas para poder dar un salto cualitativo. Toda la experiencia de estos años debe servirnos, recogiendo todos los elementos positivos, para profundizar en nuestra política de reconstitución del Partido Comunista, debe servirnos para dar pasos adelante en nuestra práctica revolucionaria con el proletariado. La lucha de líneas debemos resolverla en la teoría y en la práctica, sin renunciar a ninguna de ellas. Es momento de limpiar nuestra casa para salir a la calle.
.
Limpiar nuestra casa…
En 1871, Marx escribió a Friedrich Bolte lo siguiente: “… la Internacional fue fundada para reemplazar a las sectas socialistas o semisocialistas por una organización de la clase obrera con vistas a la lucha: Los Estatutos iniciales y el Manifiesto Inaugural lo muestran a simple vista. Por otra parte, la Internacional no hubiera podido afirmarse si el espíritu de secta no hubiese sido ya aplastado por la marcha de la historia. El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero se encuentran siempre en proporci6n inversa. Las sectas están justificadas (históricamente) mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias. Por cierto, en la historia de la Internacional se ha repetido lo que la historia general nos muestra en todas partes. Lo caduco tiende a restablecerse y a mantener sus posiciones dentro de las formas recién alcanzadas.
La historia de la Internacional también ha sido una lucha continua del Consejo General contra las sectas y los experimentos de diletantes que tendían a echar raíces en la Internacional contra el verdadero movimiento de la clase obrera…”[2].
Los últimos acontecimientos dentro de nuestra organización han colmado el vaso. Las actitudes violentas y amenazantes, la negación absoluta de la crítica y el debate, el caciquismo, la táctica de la expulsión por la discrepancia o el castigo por revocación de cargo al que no sea sumiso a la personalidad y línea del líder, se han convertido en una situación insostenible e intolerable. Analizando la realidad concreta de nuestra organización, tenemos que preguntarnos si es en estos últimos días cuando se ha instalado el sectarismo entre nosotros o tiene ya un largo recorrido, ¿qué significado tiene si no, nuestra tan increíble sumisión al caudillo que nos lleva a aprobar un documento en la última Conferencia que no llegábamos a entender?, ¿qué significado tiene si no, apartarse absolutamente de las masas, haciendo abstención de la praxis política?, ¿qué si no, las muestras de desprecio por las mismas con habituales comentarios como el “odio a la clase”?, ¿qué significad tiene si no, el menosprecio a los menos preparados de la organización?, ¿qué si no, la exigencia de voluntarismo individualista de hacer absoluta abstracción de la vida real, de romper o llevar a la mínima expresión los vínculos con la sociedad, con las relaciones sociales?, …
Es hora ya de deshacernos del lastre del sectarismo. Pero viendo toda esta problemática que surge de hechos reales, tenemos que tener en cuenta que toda esta práctica tiene que tener sus raíces teóricas. Analizar éstas es fundamental para salir del agujero en el que nos hemos metido. Para comenzar podemos situar unos elementos de interés:
1°.- Es un síntoma generalizado de la historia de nuestro movimiento que los grandes errores, las coyunturas negativas, las derrotas, las grandes luchas contra desviaciones pro-burguesas o los callejones, aparentemente, sin salida lleven a intentar liberarnos de la presión con posicionamientos de contradicción absoluta, de verdad absoluta y de sentimientos políticos voluntaristas a los que se les quiere dar un fundamento teórico. Así, por ejemplo, después de ser aplastado el movimiento revolucionario ruso de 1905-1907, se manifiesta el idealismo filosófico por parte de intelectuales de dentro del partido bolchevique, como Bogdanov, Bazarov y Lunacharski, los cuales adoptaron el machismo de esencia idealista subjetiva y reaccionaria, que Lenin tuvo que combatir con su obra “Materialismo y empiriocriticismo”[3]; o, por ejemplo, después de las grandes luchas contra el revisionismo de la II Internacional y las derrotas de las revoluciones húngara y alemana, a principios de los años 20, nacen las teorías subjetivistas de Lukács y Korsch y, muy poco después, la intelectualista de la Escuela de Francfurt, etc. Después de la gran derrota del llamado «socialismo real», lo caduco ha tendido a restablecerse (como decía Marx), y nosotros dimos alas a esto, justificando y clamando por unas nuevas conciencias. Cuando se observa fracaso en la lucha proletaria, la influencia de la ideología burguesa o pequeño-burguesa se hace notar y más aún cuando la elaboración teórica está a cargo de teóricos pequeño-burgueses.
2°.- La pequeña burguesía y la intelectualidad están sometidos a una presión constante por parte del capitalismo que lleva a un brusco empeoramiento de sus condiciones de vida o incluso a la ruina. Muchos de ellos tienden a la proletarización y toman una actitud de revolucionarismo o izquierdismo. También hay que observar que los intelectuales tienen un instinto de clase pequeño-burgués: para alcanzar una posición de clase proletaria su instinto debe ser revolucionado, no siendo fácil que se mantenga permanentemente esa posición. Por el contrario, al proletariado le basta con educar su instinto para adquirir una posición de clase revolucionaria. El intelectualismo izquierdista es una tendencia que se ha caracterizado históricamente por el voluntarismo, el individualismo y la separación de la vanguardia de las masas (nosotros, por ejemplo, hemos expresado la primacía del estudio individual sobre la colectividad partidaria, la entrega individual por encima de las condiciones objetivas o la revolución de las conciencias). Este intelectualismo está marcado por el «aristocratismo libresco» que quiere hacer caer al marxismo en una filosofía individual, en un sistema tradicional renacentista de educar a la humanidad desde arriba, renunciando a la acción política, sin la cual el marxismo queda vacío y sólo complaciente con «ratas» de biblioteca.
3°.- La influencia de la ideología burguesa sobre el marxismo genera dos desviaciones fundamentales: la derechista, que suprime el marxismo como concepción del mundo, dejando sólo su aspecto científico, determinista y positivista; y la izquierdista, que suprime la parte científica, convirtiendo el marxismo en mera filosofía (subjetivismo). Ambas desviaciones tienen que ser combatidas. Ahora es el momento de atajar la desviación izquierdista-subjetivista, acabar con la secta y volver a buscar la verdad en los hechos. “El sectarismo es una manifestación del subjetivismo en el terreno organizativo. Si queremos desechar el subjetivismo y desarrollar el espíritu marxista-leninista de buscar la verdad en los hechos, debemos limpiar el Partido de los residuos del sectarismo y partir del principio de que los intereses del Partido están por encima de los intereses individuales y parciales, lo que permitirá a nuestro Partido alcanzar una unidad y cohesión completas”[4].
Después de este esbozo sobre ciertos elementos de interés a tener en cuenta para el análisis de las raíces históricas del movimiento hacia el sectarismo, se pone al orden del día la tarea de profundizar en el aspecto teórico, que nos pueda dar las claves de la desviación que ha conducido al sectarismo. Para contribuir a la crítica para la superación del subjetivismo-idealista, aporto algunas cuestiones para el debate, siempre partiendo de la base que no podemos hacer una crítica del antagonismo absoluto, como si nada de lo aportado teóricamente tuviese valor, una dinámica, por cierto, que se había implantado en nuestra organización.
.
Imposición de un nuevo Sistema filosófico a la realidad
Como decía anteriormente, la desviación izquierdista se basa en convertir el marxismo en una mera filosofía, rechazando o minusvalorando todos los aportes o aspectos científicos. Esta es una reacción evidente contra el empirismo, que se considera en la Nueva Orientación como elemento teórico básico de la burguesía, al igual que el cientifismo y el positivismo. A lo largo de la historia del marxismo se desarrollaron varias líneas de rechazo (acertadas en cuanto a rechazo) del posicionamiento oficial determinista de los partidos socia1demócratas, socialistas o incluso comunistas. Pero este rechazo, les llevó en una carrera sin freno, a situarse en el lado opuesto, en el izquierdismo pequeño-burgués.
La Nueva Orientación se posiciona en este marco que busca remontarse a la esencia filosófica del marxismo, ya que lo conciben como un sistema filosófico, fundamento superior de la concepción del mundo. Se retoma al joven Marx y, consecuentemente, al Marx hegeliano, humanista. No cabe duda que el Marx de, por ejemplo, los “Manuscritos de París de 1844”[5] había tomado ya cierto contacto con la realidad de la lucha de clases del proletariado, pero aun guardaba en sus ideas fundamentales la escuela de los llamados hegelianos de izquierda alemanes, con la influencia sobre todo de Feuerbach, el cual quiere dar la vuelta a Hegel hacia el materialismo y el humanismo, pero sigue manteniendo los fundamentos del Sistema hegeliano. También perduran en sus escritos influencias de otros representantes de esta escuela, como Bruno Bauer[6], que ve el desarrollo de la autoconciencia independiente de las relaciones sociales, o Max Stirner[7], que quiere el imperio del pensamiento y la modificación de la conciencia. En realidad, Marx se mantenía todavía influenciado por “la filosofía de la burguesía radical ascendente”[8], aunque en proceso de acercamiento al comunismo. Es en 1845, con la «Ideología Alemana», cuando Engels y él rompen plenamente con la ideología burguesa: “…acordamos contrastar conjuntamente nuestro punto de vista con el ideológico de la filosofía alemana; en realidad liquidar cuentas con nuestra conciencia filosófica anterior”[9]. A partir de ahí, ponen las bases para la construcción, paso a paso, de la teoría revolucionaria.
Influenciados por el hegelianismo marxiano en la línea de desarrollo teórico subjetivista (fundamentalmente idealista), podemos recoger tres vertientes muy ligadas o cercanas a nuestra Nueva Orientación:
- Primero, la filosofía de la praxis de Labriola y Gramsci, de la que recogen, entre otros, el marxismo como filosofía (ideología), la ciencia principalmente como superestructura, la hegemonía cultural en la sociedad previa a la revolución proletaria dirigida por una nueva élite intelectual, etc. (de todas formas, hay que situar que Gramsci remarcaba como elemento prioritario la acción política);
- segundo, la filosofía poshegeliana del joven Lukács, Korsch y Bloch (el marxismo cálido frente al marxismo frío y científico, como lo definía este último), recogiendo el concepto hegeliano de totalidad, la identidad entre sujeto y objeto que concibe la supremacía de la conciencia (lo subjetivo), el objetivo de la autotransformación del sujeto (el sujeto autoconsciente) y el idealismo ético;
- tercero, la teoría crítica (intelectualismo de laboratorio, sin ninguna unión con el movimiento práctico) de la Escuela de Francfurt de Horkheimer, Adorno, Marcuse, …, y Habermas, de la que incorporan el nuevo materialismo de la conciencia, la dialéctica negativa, la irracionalidad de la sociedad en su totalidad que lleva al antagonismo absoluto, a la destrucción total (y no a la destrucción-superación como negación de la negación) y la transformación total del hombre. En todos ellos se hace crítica a la ciencia oponiéndola a la conciencia.
Hasta del Sartre existencialista se podrían encontrar coincidencias con su propuesta de integración dialéctica (en unidad y lucha de contrarios) de materialismo e idealismo. E incluso del filósofo burgués alemán Dilthey, del que se ven influenciados tanto el Lukács joven como Gramsci (este a través de Croce), en su concepción de las ‘ciencias del espíritu’ como más certeras que las ‘ciencias de la naturaleza’ porque sólo en ellas se da total identidad entre el sujeto que conoce y el objeto que es conocido, generando las concepciones del mundo.
Todos ellos[10], y los nuevos izquierdistas, marcan una línea divisoria entre las ideas de Marx y las de Engels, colocando a éste y a Lenin como manipuladores de la dialéctica, dándole un sentido positivista-empirista-cientifista, todavía dentro del marco de la concepción del mundo burguesa (materialismo vulgar), separando el ser y la conciencia (teoría del reflejo) y dejando vacía la dialéctica de su dimensión filosófica.
Con esta base, se han dedicado los esfuerzos teóricos a “destruir” o “negar” la ciencia y a la construcción de un Sistema filosófico. Y necesitan construirlo de nuevo ya que los teóricos marxistas principales, incluido Marx, nunca lo hicieron, es más, rechazaron radicalmente que se viese su teoría como tal[11].
Cuando el objetivo es la filosofía, no se quiere ver que es el desarrollo de la realidad objetiva de la lucha de clases la que hace concebir los procesos de desarrollo teóricos. Cierta es la obligación que tenemos de “producir teoría”, de avanzar en el desarrollo de la teoría revolucionaria, pero tenemos que hacerlo siempre sobre la base de las necesidades de la lucha de clases, fundamentalmente en el terreno político. La teoría marxista, después marxista-leninista, se ha desarrollado en un proceso con su acumulación cuantitativa y sus saltos cualitativos, su ralentización y aceleración, sus triunfos y sus fracasos, con lucha de contrarios y negación de la negación, … Pero hay un elemento fundamental que define el proceso y sus saltos: el proceso del desarrollo de la realidad, el proceso de la lucha de clases, el proceso de la práctica social, pues el marxismo precisamente es intervención en la práctica social para hacerla revolucionaria. El marxismo no es sólo filosofía (o primero filosofía), no es sólo crítica, no es especulación, es principalmente lucha de clases política revolucionaria del proletariado.
La desviación izquierdista-subjetivista, al concebir el marxismo principalmente como filosofía, busca y encuentra el Sistema en la dialéctica hegeliana, en la pre-génesis del marxismo, que camina hacia un fin absoluto, un sentido de dar finitud al movimiento, la finitud en la autoconciencia de la idea absoluta (en nuestro caso, la Conciencia como fin para acabar con su alienación)[12]. En realidad, crean un dogma que se vuelve contra el propio método dialéctico. Como decía Engels, se recoge la parte reaccionaria de la dialéctica hegeliana, el Sistema, que hiere mortalmente al método (parte revolucionaria)[13].
En este sentido, es necesario que reflexionemos sobre tres cuestiones muy importantes: a) la definición de dialéctica de Engels, como “ciencia de las leyes generales del movimiento y desarrollo de la Naturaleza, de la sociedad y del pensamiento”[14]; b) la primacía de la materia sobre la conciencia, en palabras de Lenin: “La materia es lo primario. La sensación, el pensamiento, la conciencia son el producto supremo de la materia organizada de un modo especial”[15]; y c) la determinación del ser sobre la conciencia, de la cual Marx dice: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser; sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”[16].
.
La teoría del desarrollo y del conocimiento
Si analizamos ciertos elementos filosóficos, podemos sorprendernos al descubrir la extraordinaria similitud de los planteamientos de la Nueva Orientación y los de Hegel (también de los neo-hegelianos). Hasta hace bien poco, considerábamos la Nueva Orientación como el desarrollo de una nueva etapa en el marxismo y no deja en realidad de ser una retrotracción en el tiempo anterior a Marx y Engels, un retorno radical a Hegel.
En la “Fenomenología del espíritu”[17], Hegel plantea la teoría del conocimiento como la historia novelada de la conciencia: “el camino de la conciencia natural que pugna por llegar al verdadero saber o el camino del alma que recorre la serie de sus configuraciones como otras tantas estaciones de tránsito que la naturaleza le traza, depurándose así hasta elevarse al espíritu y llegando, a través de la experiencia completa de sí misma, al conocimiento de lo que en sí misma es”. La conciencia infeliz, que no sabe que es toda la realidad, evoluciona al contemplarse y conocerse a sí misma (autoconocimiento). La conciencia, ya como autoconciencia, se convierte en razón, en totalidad del saber absoluto: el concepto-objeto idéntico, supresión de toda diferencia entre subjetividad y objetividad. La conciencia se encuentra a sí misma, libertad autoconsciente que en vez de dejar a un lado o abandonar la contraposición, se reconcilia con ella, eliminando las alienaciones en el sujeto. Liberar la conciencia de sus falsas oposiciones y reflejar en la unidad de la vida la tota1idad de las determinaciones del concepto. Una vez que la conciencia ha logrado para el pensamiento la unidad entre el objeto y el sujeto, la fenomenología termina y se inicia la lógica (ciencia de la relación entre conceptos, de la idea pura), “el sistema de la lógica es el reino de las sombras, el mundo de las simples esencias liberadas de todas las concesiones sensibles… es la educación y la disciplina absolutas de la conciencia” (Hegel: «Lógica»)[18].
Esto es esquemáticamente lo que planteaba Hegel sobre el desarrollo de la conciencia y la primacía de la Idea. En nuestros propios textos podemos encontrar algunos de mucho interés. Por ejemplo, en el editorial de La Forja n° 27 (pag. 10), como en otros textos: “Se trata de lograr, mediante ella (se refiere a la práctica social revolucionaria), una revolución de las conciencias, la superación de la alienación a la que las somete la sociedad de clases, su emancipación. La práctica de cambiar las relaciones sociales es sólo un medio para liberar la creatividad de los espíritus, para completar la humanización del hombre, para alcanzar el estadio de la materia autoconsciente. Por lo tanto, el proceso histórico-lógico se realiza en este orden: conciencia-materia–conciencia; o, desde el punto de vista de la actividad: teoría-práctica-teoría [aquí viene una nota que dice: ciertamente, la conciencia es producto de la materia en cuanto que es una de las funciones de un órgano material -el cerebro- y que es, en última instancia, un reflejo de la realidad material percibida a través de los sentidos. Pero en absoluto consiste en un reflejo inmediato de la misma, sino que viene mediatizado, en cada lugar, tiempo, individuo, clase, etc., por la cultura precedente. La afirmación contraria es una reducción empirista del materialismo. La conciencia es premisa de cualquier práctica, de cualquier transformación del ser social (si bien los límites de la misma vienen determinados por la naturaleza de éste) y el propio ser social es inconcebible sin conciencia social por ser la conciencia el atributo específico de la etapa social de la materia. Además, el resultado lógico de esta forma -de esta nueva contradicción de la materia-, mientras no sucumba, es devenir materia autoconsciente, conciencia desarrollada hasta tal punto que es capaz de modelar las condiciones naturales y sociales de su existencia en aras de su sucesivo desenvolvimiento libre de trabas]. Sin embargo, la mayoría de los marxistas consideran que plantear así la cuestión es idealismo, intelectualismo; han perdido de vista el objetivo y entienden aquel proceso como ‘práctica-teoría-práctica‘, subordinando todo lo teórico, lo consciente, lo intelectual, a los fines prácticos. Esta es la base última de todo el economicismo, el pragmatismo y el instrumentalismo que acabaron por echar a perder el movimiento revolucionario anterior, cuyos hitos se alcanzaron precisamente luchando contra ese materialismo burdo, mecanicista, que es incapaz de apreciar la diferencia cualitativa entre las formas de la materia y que aplica a la sociedad la lógica propia de las ciencias naturales…”.
Una auténtica perla idealista. En el mismo texto se reconoce la eliminación de la práctica como criterio de la verdad (base fundamental del marxismo-leninismo)[19] y se la sitúa sólo como elemento mediador para poder alcanzar la conciencia (o la teoría como objetivo) y se formula el materialismo de la conciencia, en el que materia y conciencia son idénticos, son la totalidad hegeliana, en el que la conciencia, como forma más desarrollada de la materia, es la materia absoluta. La vieja lucha filosófica entre el ser y el pensar es ganada por el pensar, es el retorno al idealismo[20]. Démonos cuenta que con estas formulaciones, nosotros, comunistas, rompemos con el marxismo. Volvamos a situar la realidad en su sitio, volvamos a la realidad y al objetivo de la transformación revolucionaria, volvamos a utilizar la teoría como medio para la transformación de la realidad, la práctica como criterio de la verdad. El materialismo dialéctico nos hace ver que partimos de la realidad objetiva (experiencia, percepción sensible), realizamos análisis sobre esa base (abstracción) y las conclusiones las llevamos a la realidad concreta (a la práctica revolucionaria, a la transformación revolucionaria)[21]. ¿De dónde nace, pues, nuestra teoría?, ¿se genera simplemente en la abstracción? Marx y Engels, envueltos hasta entonces en el mito de la Razón absoluta, encuentran en Francia e Inglaterra la lucha de clases, el capitalismo, descubren la realidad. Pasan del mito a la realidad. Sobre la base de la práctica social, con el fundamento que les había dado la dialéctica, conforman la teoría para llevarla a la lucha de clases. Lenin realiza todos sus aportes teóricos como consecuencia de las necesidades de la lucha política que está desarrollando el proletariado. En consecuencia, debemos llegar a la conclusión que el objetivo fundamental es la práctica revolucionaria y no la conciencia. El saber, la conciencia, la teoría revolucionaria son elementos mediadores para la transformación revolucionaria de la realidad, cuyo resultado se decidirá en la lucha de clases, y el actor principal serán las masas (las masas hacen la historia, ésta no es perfilada por la conciencia). Realmente la ideología que apoyábamos como novedosa, ahora mirada en la distancia, no deja de ser una filosofía interpretativa y especulativa (por mucho que se reclame transformadora).
Posteriormente, en “Un Plan para la Formación en la concepción del mundo proletaria”, de la VI Conferencia de nuestra organización, se plantea: la ideología como “punto de partida de todo el proceso revolucionario” (pág. 1), la renuncia de intervención política hasta la asimilación de la concepción del mundo proletaria “cosmovisión integradora de todo el saber humano” (pág. 2) (aquí podemos situar, en primer lugar, que se supone que no existe aun una concepción del mundo proletaria, ¿cómo se asimila?; en segundo lugar, ¿todo el saber humano, el saber absoluto?; y, en tercer lugar, ¿cómo construyes y asimilas la concepción del mundo proletaria sin el proletariado?), “la forma superior de la conciencia» (pág. 3) es “la conciencia plenamente proletaria» o «debemos armarnos... con las formas más elevadas de conciencia adquiridas por la humanidad antes de la aparición del proletariado como clase revolucionaria, antes de que esta clase esté en condiciones de situar a la conciencia de la humanidad en un plano cualitativamente superior (autoconciencia)...» (pág. 3). Se remata el discurso de la siguiente manera: “Lo que caracteriza a la forma social es que es el momento en el que la materia se data de conciencia, pero todavía como subproducto de su desenvolvimiento, aún como uno de sus atributos. Sin embargo, prepara las condiciones para que la conciencia pase a jugar el papel principal, a ser sujeto del movimiento de la materia. Durante miles de millones de años, el aspecto material fue el aspecto principal del movimiento; en los últimos episodios, que apenas abarcan unos pocos miles de años, la conciencia se prepara para ejercer su papel dominante. Esta es la primera característica de la fase superior del comunismo. Pero, para ello, la conciencia debe fusionarse antes con el movimiento material. El proletariado es esa forma social desarrollada a través de la cual la materia adquiere autoconciencia y se encuentra en disposición de elevar el desenvolvimiento universal a un estadio nuevo y superior. Sólo de este modo, como entidad autoconsciente que dirige su propio desarrollo, la materia puede continuar progresando, autotransformándose permanentemente» (pág. 18).
Todo es puro idealismo hegeliano. Se pone como base a la Idea prioritaria al conocimiento de la realidad, sin tener en cuenta que la realidad hay que conocerla para poder transformarla. El materialismo que se propugna es el de la idea (o sea, idealismo): la conciencia proletaria es la forma superior de conciencia (superioridad del pensar sobre el ser). Por eso, como en Hegel, el proceso histórico y del conocimiento parte de la conciencia, y a través de su unión como experiencia con el objeto (materia o práctica) trasciende a la conciencia superior (la ¡plenamente! proletaria) y supera la alienación de la humanidad (de la materia social). Y, como en Hegel, ahí se acaba todo, se acaba el movimiento, se paraliza la historia pues hemos llegado a lo absoluto (Sistema hegeliano, destrucción del método dialéctico, dogmatismo y reacción). El proletariado no es sujeto histórico, sino sólo la mediaci6n de la conciencia (infeliz) para hacerse autoconsciente (saber absoluto, Idea absoluta). ¡Nos hemos alejado demasiado de Marx!
Por cierto, en el mismo Plan de Formación (pág. 15), se llega a mencionar al físico Heisenberg y a su “principio de incertidumbre” como argumento científico, para demostrar que es la conciencia la que rige el mundo. Es el principio de indeterminación, que, sobre la base de las partículas atómicas, conduce a la imposibilidad de conocer la realidad del movimiento y el desarrollo de la materia (la intervención del experimentador altera permanentemente el experimento). El elemento concreto fue llevado por el investigador a categoría de ley y concepción filosófica. La imposibilidad de conocer nos conduce a la prioridad de la especulación (dudosa teoría científica), a la priorización del subjetivismo, al idealismo. Utilizamos, por tanto, en ese documento una concepción reconocida como subjetivista para justificar la teoría de la Conciencia superior. Se convierte esto en una alianza teórica de diversas ramas del subjetivismo, para acentuar la lucha de líneas frente a las posiciones materialistas dialécticas. Y nosotros, comunistas, estábamos en la cuerda floja. Todavía estamos a tiempo de rectificar y luchar contra el idealismo en nuestras filas.
.
Contradicción, antagonismo y negación de la negación
El tercer aspecto que podemos proponer, en el terreno de la teoría, para la discusión en torno al nuevo subjetivismo que nos ha llevado al sectarismo, es la cuestión del antagonismo y la negación.
En el Anti-Dühring, Engels afirmaba que “todas las antítesis absolutas son inadecuadas”[22]. Sin atender a esta recomendación, desde hace tiempo hemos entrado en una dinámica teórica de hacer negaciones absolutas, donde todo es antagonismo, todo es negatividad absoluta, donde no existe superación y las contradicciones se resuelven sólo con la destrucción. Con estas ideas se recoge la influencia de la «dialéctica negativa» (Horkheimer y Adorno) o “pensamiento negativo” (Marcuse) de la teoría crítica de la intelectualista-subjetivista Escuela de Francfurt. El antagonismo absoluto rompe con los principios del movimiento y del desarrollo de los procesos, puesto que, al concebir la destrucción total, desaparece la progresión de procesos, se destruye lo anterior y lo nuevo parte de cero. El movimiento ya no es permanente, ya que existe la pausa que provoca el cero (la destrucción) que no recoge nada de lo anterior. Se acaba con la dialéctica. De igual manera, se ha considerado que solamente existe una contradicción, además siempre antagónica, en cada período de un proceso, rechazando así la multiplicidad de contradicciones, cayendo en la compartimentación y el esquematismo metafísico de los procesos. En ello se cae cuando se teoriza que primero hay que resolver absolutamente los problemas de tipo teórico para poder después pasar a la acción política. Es curiosa esta limitación cuando se aboga, por otro lado, por el hegelianismo de la totalidad inscrita en el Sistema (Sistema filosófico que al concebir la totalidad siempre es cerrado, todo está escrito en el sistema), con la identidad del sujeto y el objeto, de la materia y la conciencia, de la teoría y la práctica. Esta limitación que se pone al lado opuesto de la totalidad no resuelve el problema de la dialéctica, ya que por un extreme o por otro es contraria a la dialéctica materialista.
Sobre esta base se asienta el primer peligro de la teoría sabre el Primer Ciclo Revolucionario, pues al negarlo absolutamente, al efectuar la antítesis absoluta, puede llegar a negarse la validez de la experiencia revolucionaria. De hecho, la crítica que estábamos haciendo al Ciclo de Octubre y a los primeros teóricos, se estaba profundizando de tal manera (ya existía un fuerte menosprecio por Engels), se esta negando de tal manera, que puede llegar a rechazarse el marxismo, como así le ocurrió a Horkheimer.
Dos tesis, unidas íntimamente, se suelen utilizar o relacionar con la “crítica negativa”: 1.- toda contradicción es antagónica; y 2.- rechazo de la negación de la negación.
Con la primera tesis se da fórmula universal al antagonismo, cuando en realidad sólo es una forma de contradicción. Unas contradicciones se desarrollan y dan un salto hacia el antagonismo y, al contrario, otras contradicciones que son antagónicas se transforman en no antagónicas. En palabras de Lenin, “el antagonismo y la contradicción no son en absoluto idénticos. En el socialismo el primero desaparecerá, mientras el segundo subsistirá”[23]. Si todas las contradicciones diesen irremediablemente el salto al antagonismo, ¿cómo resolvemos la contradicción vanguardia-masas?, ¿con la destrucción?
En cuanto a la segunda tesis, es fácil deducir que después del antagonismo absoluto y la antítesis absoluta, la negación de la negación no tendría sentido. Pero, por el contrario, hay que considerar el concepto de negación de la negación como decisivo en la dialéctica marxista, ya que con él se define la transformación.
Negar la negación de la negación podría ser un efecto de rechazo al contenido del concepto manejado por Hegel. Dentro de su Sistema cerrado de la Idea, no puede existir una superación progresiva permanente, esta tiene un fin. Por eso, utiliza principalmente su contenido de conservación o mantenimiento. La negación de la negación o síntesis en Hegel contiene la reconciliación de la tesis y la antítesis.
En Marx y Engels no ocurre lo mismo[24]. Para ellos la dialéctica es de la realidad (materia) y de su transformación. En el marxismo se concibe la negación de la negación como superación, que significa desarrollo progresivo (recoge los elementos progresivos de la vieja sociedad). Por ejemplo, la propiedad capitalista niega la propiedad individual de los medios de producción y expropia a los propietarios en masa; el socialismo, a su vez, niega la propiedad capitalista y restituye los medios de producción a los trabajadores, pero de una forma superior, en vez de manera individual, lo hace de manera colectiva: a toda la sociedad[25]. El socialismo niega el capitalismo, pero no de manera absoluta, destruye lo caduco y absorbe lo positivo, por ejemplo, el nivel de desarrollo .de las fuerzas productivas, la socialización, cultura progresiva, etc. De la misma manera, el idealismo niega el viejo materialismo, y aquel es nuevamente negado por el materialismo moderno, el marxismo-leninismo, pero no vuelve a su origen de materialismo vulgar, sino que lo supera en nueva calidad recogiendo los elementos progresivos[26].
La transformación de lo viejo en nuevo, es el cambio de nivel de calidad y, este salto, se produce siempre sobre la base de la etapa precedente.
.
La concepción del mundo proletaria sin el proletariado
Se sitúa la teoría de Thomas S. Kuhn del paradigma científico como justificación fundamental del ataque a la ciencia (al cientifismo, al empirismo o a las tendencias positivistas). En realidad, sobre un contenido en buena parte verdadero y necesario, el ataque o negación de la ciencia, es un ataque o negación de la primacía de la materia sobre la conciencia. También es usado como justificación para apartarse de las masas en la necesidad de crear un paradigma (concepción del mundo, un cuerpo teórico, un marco conceptual) que posibilite una hegemonía cultural previa a la práctica revolucionaria. Por estas mismas razones, se denosta la teoría del reflejo que formularon principalmente Engels (en el Anti-Dühring) y Lenin (en Materialismo y empiriocriticismo).
Se sitúa a la ciencia principalmente como superestructura, como elemento ideológico importante para el desarrollo de la concepción del mundo y para la reproducción ideológica. Por el contrario, se minimiza su contenido estructural y se ningunea lo propiamente distintivo de las ciencias: la producción de conocimientos objetivos. Evidentemente no existe ciencia neutral, las teorías científicas y los métodos son regidos por la concepción dominante, las mismas ciencias producen concepción del mundo y actúan en las necesidades de producción social. Pero también hay que considerar que el tremendo desarrollo de la producción capitalista necesita inexcusablemente de la ciencia y de la técnica, ya no como reproductor, sino como productor. Por ello, tenemos que contemplar que la ciencia es productor de conocimientos objetivos, es fuerza productiva y es reproductor ideológico del sistema de dominación. Si aceptamos que las ciencias son principalmente superestructura o ideología, éstas pierden su valor objetivo y las determinaciones, aunque sean en última instancia, económicas (objetivas), quedan reducidas a categorías secundarias. Aquí nace el segundo peligro de la teoría sobre el Primer Ciclo Revolucionario, pues sobre una crítica correcta sobre la desviación de la primacía del desarrollo de las fuerzas productivas, se combate la determinación de las condiciones objetivas (de la realidad concreta, de la lucha de clases, de la práctica, del desarrollo de las fuerzas productivas o de las relaciones de producción) y su primacía en las tendencias de desarrollo sobre la subjetividad (sin querer quitarle su peso).
Hay que cambiar el concepto de la relación entre la ciencia y la filosofía, que absolutizan cada una con lo suyo, cada desviación niega la del contrario. Pero el cambio tiene que ir ligado a la transformación revolucionaria: a la ciencia habrá que quitarle su ropaje positivista y a la filosofía su concepción en Sistemas teóricos cerrados. De esta manera, se conseguirá la superación, el salto cualitativo, lo nuevo concebido con los elementos progresivos de ambas «disciplinas», para la transformación revolucionaria, rechazando sus estructuras cerradas y su sentido clásico contemplativo e interpretativo[27].
En cuanto a la pretensión de crear una concepci6n del mundo proletaria desde un despacho, hay que considerar la diferencia esencial en la lucha de clases en el capitalismo, en el proceso hacia la transformación en relación a los otros modos de producci6n. Tanto en el sistema esclavista como en el feudal (o de servidumbre), la transformación de las relaciones de producción no se realiza a través de la lucha de clases entre las dos principales clases antagónicas (aunque esta exista) para el funcionamiento del modo de producci6n (ciudadanos propietarios-esclavos o señores feudales-siervos de la gleba), sino por clases que se van desarrollando en paralelo, que con el desarrollo de las fuerzas productivas van alcanzando cuotas de dominio (señores feudales o burguesía) y que, en un momento determinado del proceso, pueden enfrentarse a la concepción del mundo dominante hasta alcanzar la hegemonía cultural desde el co-dominio. Es de resaltar que la construcción de las concepciones del mundo de las clases co-dominantes estaba condicionada por la necesidad objetiva de unas nuevas relaciones sociales acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas (que es igual a la necesidad objetiva de la toma del poder de estas clases para el desarrollo social).
El capitalismo marca otra tendencia. Por primera vez se enfrentan en la lucha de clases por el poder (teóricamente) las dos clases antagónicas que conforman lo fundamental del modo de producción. El co-dominio económico y cultural no puede existir por las contradicciones sociales inherentes al modo de producción. Sin rechazar la construcci6n de la nueva concepción del mundo proletaria y la lucha de clases teórica en este sentido, la hegemonía cultural sólo puede alcanzarse a nivel de ideología política (la lucha de clases teórica es principalmente política): necesidad de transformación revolucionaria, toma del poder, destrucción y superación del modo de producción capitalista, cambio de relaciones sociales, construcción revolucionaria del socialismo, dictadura del proletariado, …, en un proceso de negación de la negación; de la conciencia espontánea (todavía burguesa) a conciencia proletaria revolucionaria, en un proceso de introducción de la teoría revolucionaria en el movimiento obrero, en un proceso dialéctico de escisión-fusión (pero no hacer la escisión, abandonando a su suerte al movimiento, dejando de lado la experiencia de la lucha de clases, hasta tener una completa construcción teórica nueva), que sólo puede realizarse desde el movimiento, desde la realidad objetiva del proceso social, en lucha permanente contra el espontaneísmo. Esto es la génesis del proceso de desarrollo de adquisición de conciencia para sí por parte del proletariado. La experiencia de lucha y de poder desarrollará este proceso de la conciencia para sí, en un proceso de construcción por el proletariado de su propia concepción del mundo.
Ya Gramsci planteaba que la revolución proletaria tenía que ser precedida por una reforma cultural que sustituyese la hegemonía de la burguesía por la del proletariado, cambiando el «sentido común» (conciencia) que tienen las masas basado en la concepción del mundo burguesa dominante por una nueva conciencia (sentido común) basada en la filosofía de la praxis (marxismo concebido como filosofía). Esta consecución de la hegemonía cultural sólo podrá llevarse a cabo por una nueva élite intelectual (intelectual orgánico). Aunque esta idea del intelectual orgánico también tiene sus connotaciones de desarrollo correcto si 1o concebimos no como intelectualidad, sino como elevación intelectual de la vanguardia. Ahora, en vez de reforma cultural o hegemonía cultural, se habla de revolucionar las conciencias, que representa, incluso, un retroceso en cuanto a las posturas de Gramsci, ya que el contenido del concepto nos conduce a la exaltación de la individualidad. Al sostener lingüísticamente la pluralidad, resalta la individualidad de la conciencia, cuando Gramsci hablaba de la globalidad cultural de las masas. No hay concesión a la conciencia colectiva o de clase (sea la clase que sea; sea en sí o para sí), se convierte en un puro voluntarismo pequeño-burgués, en una ética de la libertad individual (conciencia para acabar con la alienación del hombre)[28].
.
… Para salir a la calle
Ya va siendo hora de que dejemos la especulación filosófica. Afrontemos la lucha de dos líneas, recuperemos el marxismo-leninismo y desarrollemos la teoría revolucionaria del proletariado hasta las necesidades actuales de la lucha de clases. Ya es hora de acabar con el mito y volver a la realidad. Actuemos sobre la realidad de la lucha de clases. ¿Dónde demostraremos el triunfo o la derrota de nuestras posiciones teóricas y prácticas? ¿Dónde demostraremos nuestras capacidades como vanguardia teórica? ¿Dónde demostraremos lo correcto (o el error) de nuestra línea? No puede haber otro sitio que la práctica del movimiento obrero y revolucionario. Toda la historia del marxismo y del movimiento obrero se circunscribe principalmente a una cuestión política de luchas de actualidad. La función primordial del marxismo es la elevación del movimiento de la lucha de clases, hacia una calidad nueva y superior: el movimiento obrero revolucionario. Pues la política comunista debe estar basada en la perspectiva de la lucha de clases. Para ello, la unidad teoría-práctica tiene que dejar de contemplarse como un problema abstracto de formulación general y centrarse en sus formas concretas, en la realidad concreta.
Pero ¡cuidado!, realicemos una lucha en todos los frentes contra el revisionismo, el oportunismo y el espontaneísmo. Con todo ello, no olvidemos por un momento la importancia de la formación, el estudio, la investigación y el trabajo teórico, pero, acabando con el estilo especulativo, haremos una formación y un trabajo teórico con destino a la práctica revolucionaria.
“Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo.
No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clase existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos”[29].
A partir de ahora, nuestro debate será muy importante para recuperar el camino de la Reconstitución del Partido Comunista.
.
Luis Comas
*********
.
NOTAS
[1] Marx y Engels. “Manifiesto del Partido Comunista”. 0. E., tomo I, pág. 111. Ed. Progreso. Moscú, 1986.
[2] Obras Escogidas, tomo II, pág. 446. Ed. Progreso. Moscú, 1986.
[3] Ver Obras Completas (0.C.), tomo18. Ed. Progreso. Moscú, 1983.
[4] Mao: “Rectifiquemos el estilo de trabajo en el Partido”. 0. Escogidas, tomo 3. Ed. Lenguas Extranjeras. Pekin, 1972.
[5] Ver, entre otras posibles ediciones, Karl Marx, “Manuscritos economía y filosofía”. Alianza Editorial, Madrid, 1981.
[6] Marx y Engels en “La Ideología Alemana”, en su capítulo II, hablan de Bauer (San Bruno) y dicen cosas tan interesantes de su pensamiento que nos puede hacer reflexionar en su comparación con ciertos elementos de nuestra Nueva Orientación. Varios ejemplos: «en vez de los hombres reales y de la conciencia real, toma la simple frase abstracta: la autoconciencia, que se le antoja independiente de sus relaciones sociales» (pág. 99); y sigue, «no abandona, pues, el terreno especulativo, para resolver las contradicciones de la especulación; maniobra desde este mismo terreno y hasta tal punto se mantiene el mismo en el terreno específicamente hegeliano, que le quita constantemente el sueño la relación ‘entre la autoconciencia’ y el ‘espíritu absoluto’ … en una palabra, … filosofía de la autoconciencia” (pág. 100); aún más, “…cree en el poder de las filósofos y comparte su quimera de que, al cambiar la conciencia, al tomar un nuevo rumbo la interpretación de las relaciones existentes, puede derrocarse con ello todo el mundo anterior” (pág. 101). Marx y Engels: “La ideología alemana”. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1970.
[7] El capítulo III de “La ideología alemana” está dedicado a San Max (Stirner). También se pueden sacar pasajes de interés sobre su pensamiento y su relación con nuestra lucha actual: busca el “…imperio real y efectivo de los pensantes sobre el mundo de las cosas” (pág. 199); también manifiestan, “Qué sentido tiene eso de ‘salirse de lo existente’ es cosa que ya sabemos. Es la vieja creencia de que el Estado se derrumba por sí solo tan pronto como todos los miembros se salen de él y de que el dinero pierde su valor cuando todos los obreros se niegan a aceptarlo. El carácter fantástico y la impotencia de los buenos deseos se manifiestan ya en la forma hipotética de esta tesis. Es la vieja ilusi6n de que el hacer cambiar las condiciones existentes depende tan s6lo de la buena voluntad de’ los hombres y de que las· condiciones existentes ·son ideas… Esta elevaci6n ideal por encima del mundo es la expresión ideológica de la impotencia de los filósofos ante el mundo. La práctica se encarga de dar un mentís todos los días a sus baladronadas ideológicas» (pa.gs. 449-450).
[8] Engels. “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”. Ed. Progreso. Moscú, 1980, pagina 14.
[9] Marx. “Prólogo de la ‘Contribuci6n a la crítica de la economía política ‘”. O.E., tomo I. Ed. Progreso. Moscú, 1986. Pág. 519.
[10] Hacemos un repaso bibliográfico de interés de los autores citados: Labriola: “Del materialismo histórico”, Ed. Grijalbo. Gramsci: “Introducción a la filosofía de la praxis”, Ed. Península; “Materialismo histórico y sociología”, Ed. Roca. Lukács: “Historia y conciencia de clase”, Ed. Orbis. Korsch: “Marxismo y filosofía”, Ed. Ariel. Sobre Bloch: “El marxismo cálido: Ernst Bloch”, de Justo Pérez del Corral, Ed. Mafiana. Horkheimer y Adorno: “Dialéctica del iluminismo”, www.hipersociologia.org. Marcuse: “El hombre unidimensional”, Ed. Seix Barral; “El marxismo soviético”, Alianza Editorial. Habermas: “Teoría y praxis”, Ed. Tecnos. Sartre: “Materialismo y revolución”, Ed. La Pléyade.
[11] “Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo.
“No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos». Marx y Engels: “Manifiesto del Partido Comunista”. 0. E. tomo I, Ed. Progreso, Moscú,1986. Páginas 122-123.
«Con Hegel termina, en general, la filosofía; de un lado, porque en su sistema se resume del modo más grandioso toda la trayectoria filosófica; y, de otra parte, porque este filósofo nos traza, aunque sea inconscientemente, el camino para salir de este laberinto de los sistemas hacia el conocimiento positivo y real del mundo». «Ludwig Feuerbach y el fin…«, pág.13.
[12] “No se trata de buscar una categoría a cada período, como hace la concepci6n idealista de la historia, sino de mantenerse siempre sobre el terreno histórico real, de no explicar la práctica partiendo de la idea, de explicar las formaciones ideológicas sobre la base de la práctica material, por lo que se llega, consecuentemente, al resultado de que todas las formas y todos los productos de la conciencia no brotan por obra de la crítica espiritual, mediante la reducción a la ‘autoconciencia’ o la transformación en ‘fantasmas’, ‘espectros ‘, ‘visiones’, etc., sino que sólo pueden disolverse por el derrocamiento práctico de las relaciones sociales reales, de que emanan estas quimeras idealistas; de que la fuerza propulsora de la historia, incluso la de la religión, la filosofía y toda otra teoría, no es la crítica, sino la revolución. Esta concepción revela que la historia no termina disolviéndose en la ‘autoconciencia’, como el ‘espíritu del espíritu ‘, sino que en cada una de sus fases se encuentra un resultado material, una suma de fuerzas de producción, una relación históricamente creada con la naturaleza y entre unos y otros individuos…”. ”La Ideología Alemana”, pág. 40.
[13] “… se erige en verdad absoluta todo el contenido dogmático del sistema de Hegel, en contradicción con su método dialéctico, que destruye todo lo dogmático; con ello, el lado revolucionario de esta filosofía queda asfixiado bajo el peso de su lado conservador hipertrofiado». «Ludwig Feuerbachy el fin…», pag.11.
[14] Engels: “Anti-Dühring”. Ed. Ciencia Nueva. Madrid, 1968, pág.157.
[15] Lenin: “Materialismo y empiriocriticismo”. 0. C. Ed Progreso, Moscú 1983, tomo 18, pág. 51.
[16] Marx: “Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política», pág. 518.
[17] Ed. FCE.2003.
[18] Ed. Folio. 2002.
[19] “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sabre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. Marx, segunda de las “Tesis sabre Feuerbach”. 0. E., tomo I, págs. 7-8.
[20] Marx y Engels, en “La Ideología Alemana”, dicen que una cualidad: “No dependerá de la conciencia, sino del ser; no del pensamiento, sino de la realidad; dependerá del desarrollo empírico y de las manifestaciones de vida del individuo, determinadas, a su vez, por las condiciones del mundo». Pág. 304.
[21] “Descubrir las verdades por la práctica, y confirmarlas y desarrollarlas también por la práctica. Pasar activamente del conocimiento sensible al racional, luego del conocimiento racional a la dirección activa de la práctica revolucionaria, a la transformación del mundo subjetivo y objetivo». Mao: “Acerca de la práctica”, en “Cuatro tesis filosóficas”. Ed. Anagrama, Barcelona. 1974. Pág. 26.
“De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica: tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva”. Lenin: “Cuadernos filosóficos”. 0. C., tomo 29, pág.192.
[22] Engels: «Anti-Dühring», pág. 102. Y en la pág.157: “Negar en dialéctica, no es simplemente decir que no, o declarar que una cosa no existe, o destruirla de un modo cualquiera. Ya dice Spinoza: Omnis determinatio est negatio; es decir, toda limitación o determinación es al mismo tiempo una negación. Además, el género particular de negación se determina, a la vez, por el carácter general y por la naturaleza especial del proceso. Yo debo, no solo negar; sino también superar (aufheben) de nuevo la negación. Yo debo constituir la primera negación de tal suerte, que la segunda sea o llegue a ser posible”.
[23] Citado en Mao: “Sobre la contradicción”. “Cuatro tesis filosóficas». Ed. Anagrama. Barcelona 1974. Pág. 75.
[24] «¿Y qué es, pues, la negación de la negación? Una ley del desarrollo de la naturaleza, de la historia y del pensamiento, sumamente general e importante, y por la misma razón, de la mayor extensión; una ley que, como hemos visto, tiene aplicación en geología, en matemáticas, en historia, en filosofía…”. Engels: «Anti-Dühring», pág. 156.
[25] Ejemplo sacado del capítulo “Tendencia histórica de la acumulación capitalista”, del Libro I de “El Capital” de Marx. Ed. Akal. Madrid 1976.
[26] “El antiguo materialismo fue negado, pues, por el idealismo. Mas en el desarrollo ulterior de la filosofía, el idealismo también se hizo insostenible y fue negado par el materialismo moderno. Este último, que es la negación de la negación, no es la simple restauración del antiguo materialismo, sino que a los fundamentos durables de aquel aúna todo el pensamiento de la filosofía y de las ciencias de la naturaleza en el curso de una evolución de dos mil años y el producto de esa misma larga historia. Además, ya no es tampoco una filosofía coma tal, sino una simple intuición del mundo que debe probarse y realizarse…”. Engels: “Anti-Dühring”, pág. 154.
[27] “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Marx: “Tesis sobre Feuerbach”. 0. E., t. I, pág. 10.
[28] “En vista de que, según su fantasía, las relaciones entre los hombres, todos sus actos y su modo de conducirse, sus trabas y sus barreras, son otros tantos productos de su conciencia, los neohegelianos formulan consecuentemente ante ellos el postulado moral de que deben trocar su conciencia social actual por la conciencia humana, crítica o egoísta, derribando con ello sus barreras. Este postulado de cambiar de conciencia viene a ser lo mismo que el de interpretar de otro modo lo existente, es decir, de reconocerlo por medio de otra interpretación. Pese a la fraseología supuestamente ‘revolucionaria’, los ideólogos neohegelianos son, en realidad, los perfectos conservadores. Los más jóvenes entre ellos han descubierto la expresión adecuada para designar su actividad cuando afirman que sólo luchan contra ‘frases’. Pero se olvidan de añadir que, a estas frases por ellos combatidas, no saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente”. Marx y Engels: “La Ideología Alemana”, pág. 18.
[29] Marx y Engels. “Manifiesto del Partido Comunista”. 0. E., págs.122-123.



