Intervención de Unión Proletaria en la Conferencia de Atenas.

Alberto García (Unión Proletaria) en la 5ª Conferencia de la Plataforma Antiimperialista Mundial (noviembre 2023).

.

Estimados camaradas:

En nombre Unión Proletaria (España), os traigo un caluroso saludo y deseo exponeros dos cuestiones.

La primera se dirige a defender la unidad del frente antiimperialista internacional y a combatir la teoría
incoherente de que todos los países son imperialistas.

El capitalismo se ha formado en Europa occidental. En El Capital Marx dice que el capitalismo vino “al
mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”. En nuestro
subcontinente, se valió de los métodos más violentos para expropiar y proletarizar a la mayoría de los
campesinos y artesanos. Pero también necesitó expoliar y colonizar a pueblos enteros de otros continentes.

Así lo expresa Marx: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la
conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de
esclavos negros: estos procesos idílicos representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria. (…) En general, la esclavitud encubierta de los obreros asalariados en Europa exigía, como pedestal, la esclavitud descarada en el Nuevo Mundo”.

Por lo tanto, desde sus comienzos, el capitalismo se ha basado en la explotación de unas naciones por
otras, es decir, en la división del mundo en dos tipos de países: explotadores y explotados.

Es cierto que, en la primera mitad de su existencia, esta explotación tuvo una consecuencia positiva: la
transformación de las fuerzas productivas individuales y escasas en fuerzas productivas sociales y
abundantes que permiten a la humanidad pasar de la etapa de los antagonismos sociales a la etapa
socialista como paso previo hacia el comunismo.

Aquí termina la contribución de la burguesía al progreso social. A partir de aquí, es decir, en la etapa
imperialista del capitalismo, la sociedad sólo puede progresar por medio de la revolución proletaria.
Mientras ésta se demora, la continuación de la dominación burguesa agudiza todas las formas de opresión, particularmente la de la mayoría de las naciones por ese puñado de potencias que monopolizaron el desarrollo capitalista.

Como consecuencia, se agudiza también la división del proletariado por su nacionalidad y, dentro de los
países opresores principalmente, la escisión entre la mayoría explotada y la aristocracia obrera minoritaria, comprada con las ganancias coloniales y neocoloniales de sus capitalistas.

En tales condiciones, el proletariado revolucionario tropieza con las mayores dificultades: en las naciones opresoras, sufre el continuo sabotaje de esa élite corrompida y, en las naciones oprimidas, la agresión de los ejércitos imperialistas extranjeros. Hoy, la posibilidad de que la guerra actual se extienda a otros países de Europa oriental y que estalle en Asia oriental está más cercana que hace un año.

Por consiguiente, es del mayor interés de los obreros con conciencia de clase apoyar a los movimientos de liberación de estas naciones oprimidas, cualesquiera que sean sus contradicciones y defectos. Y es
contrarrevolucionario en grado sumo dar la espalda a estos movimientos:

1) ya sea porque sus fuerzas dirigentes sean burguesas o pequeñoburguesas.

2) ya sea porque se atribuya de manera abstracta y no concreta un carácter imperialista a naciones que,
como China y Rusia, se convirtieron en potencias militares y económicas. Este pretexto oculta cómo lo
consiguieron: liberándose de las garras de las verdaderas potencias imperialistas que han impuesto su
dominación al mundo durante los últimos siglos. Rusia y China no tienen la misma genealogía que los
Estados imperialistas y su conflicto con ellos no tiene la misma naturaleza que la Primera Guerra Mundial.

Trasladar mecánicamente las conclusiones de Lenin sobre esta guerra a las presentes contradicciones
internacionales es contrario al materialismo dialéctico, a la cosmovisión del marxismo-leninismo.

No negamos la necesidad de poner en guardia a la clase obrera sobre las contradicciones que pueden
debilitar la lucha contra el Occidente imperialista. Incluso, admitimos que, en futuro, las relaciones
capitalistas de las potencias emergentes podrían desarrollarse hasta sustituir el actual sistema imperialista internacional por otro nuevo. Pero, por encima de las especulaciones, los marxistas-leninistas debemos analizar concretamente la situación concreta y realizar la práctica revolucionaria apropiada. Las condiciones presentes nos exigen unir a todas las fuerzas populares posibles con China y Rusia, como vanguardia económica, política y militar del Frente Antiimperialista Internacional, contra Estados Unidos y sus satélites. Sólo así podremos liberar la iniciativa y el potencial revolucionario del proletariado en todos los países.

La segunda cuestión que queremos exponeros es acerca del problema de cómo construir una fuerza real en los países imperialistas como el nuestro que colabore con el movimiento de liberación nacional en destruir al imperialismo. Aquí el control político sobre la población es asfixiante, y todavía es peor donde la traición de los revisionistas ha causado mayor descomposición en las filas comunistas, como es el caso de España.

Después de las masivas movilizaciones de los años 80 contra el ingreso en la OTAN y contra la guerra de
Irak en 2003, hemos experimentado una ligera recuperación durante la preparación de las protestas por la Cumbre que celebró la Alianza Atlántica en Madrid el año pasado. Pero la campaña rusófoba sin
precedentes que los imperialistas desataron tras la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania debilitó estos preparativos, aunque se realizaron manifestaciones con miles de participantes en las principales ciudades.

Sin embargo, la unidad de este incipiente movimiento pronto se rompió, debido a las maniobras
paralizantes de los partidos reformistas que lo integraban y que, al mismo tiempo, participan en el gobierno socialdemócrata atlantista. Y, desgraciadamente, muchas de las organizaciones revolucionarias tienen una actitud sectaria: se niegan a toda unidad de acción con aquellas fuerzas vacilantes, recelan de ampliar sus filas y evitan salir al encuentro de la población con el pretexto de su propia debilidad.

Por una parte, el desarrollo de la lucha contra el imperialismo exige criticar a los reformistas que se
someten a él y a los imperialistas que se presentan como reformadores sociales. Pero, por otra parte,
debemos comprender que las mayores posibilidades de ampliar nuestras fuerzas las tendremos con las
personas de izquierda que combaten a los reaccionarios en diversos frentes y que sólo podrán avanzar
hacia posiciones antiimperialistas si nos vinculamos a ellas, y a sus necesidades económicas y democráticas.

Esta vinculación nos exige manejar adecuadamente las contradicciones entre los partidos imperialistas, así como entre la “izquierda” imperialista y sus masas. En nuestra opinión, la construcción del frente unido antiimperialista en los países opresores debe inspirarse del enfoque que Lenin dio al frente unido de la clase obrera cuando ésta no se encuentra en condiciones de sostener su ofensiva. Este frente unido obrero fue el núcleo de los frentes populares y nacionales antifascistas que organizó la Internacional Comunista para recuperar la iniciativa revolucionaria. Encontramos un ejemplo particular de su aplicación -con sus enseñanzas positivas y negativas-, en el artículo de los camaradas Nina Kosta y George Korkovelos sobre la revolución griega.

Proponemos estudiar juntos esta cuestión y propagar iniciativas prácticas que sigan esta orientación.

Es de vital importancia para la humanidad que el movimiento comunista internacional haga un esfuerzo por desarrollar, aún más, la lucha antiimperialista mundial en un frente único. Hay que extender a la clase obrera la teoría marxista-leninista y desarrollar el movimiento comunista en todos y cada uno de los países.

.

¡Viva la unidad del frente antiimperialista mundial!

¡Viva la unidad internacional de la clase obrera!

¡Abajo el revisionismo y el sectarismo! ¡Viva el marxismo-leninismo!