El principal reto de la clase obrera en la huelga general y en las elecciones

Gavroche

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Con la avalancha de inmigrantes en Ceuta y el acoso judicial contra el gobierno, el Partido Popular y Vox daban por descontada su próxima victoria electoral. En oposición a Pedro Sánchez, la derecha se presenta como defensora de la soberanía y enemiga de la corrupción.

La realidad, sin embargo, la delata como tanto o más corrupta (260 presuntos casos del Pp, frente a 142 del PSOE[1]): Gürtel, Bárcenas, Púnica, Lezo, Kitchen, los áticos de Ayuso, la financiación de Vox por la oposición iraní, etc.

Tampoco tiene mucho de qué presumir en cuanto a patriotismo: sostuvo y sigue sin condenar el golpe de Estado, la guerra y la represión franquista contra el pueblo que había elegido al Frente Popular en 1936; y, para ello, lo sometió y continúa sometiéndolo a potencias extranjeras como fue la Alemania nazi y la Italia fascista, y como sigue siendo el imperialismo estadounidense, el expansionismo marroquí contra el Sáhara Occidental, la OTAN y la Unión Europea; sólo se hace la valiente contra los inmigrantes pobres y las nacionalidades de España que quieren liberarse de semejantes “patriotas”.

A medida que crece la justa lucha de los trabajadores por el pan, la vivienda y la paz, también se presentan farisaicamente como guardianes del “orden”, cuando son precisamente sus políticas de desenfreno capitalista las que provocan los desórdenes públicos: desigualdades en aumento, empobrecimiento de la mayoría, represión de las protestas democráticas, estímulo de los más bajos instintos nacionalistas, racistas, machistas, etc., con tal de que pueblo esté desunido frente a sus explotadores, etc.

Cuando iba viento en popa la movilización reaccionaria que la derecha venían jaleando, su arrogante y torpe empeño en desahuciar a la anciana Mari Carmen Abascal ha puesto en acción a las masas más dignas y solidarias, proporcionando así a la izquierda parlamentaria un inesperado balón de oxígeno. Pedro Sánchez lo ha aprovechado para adelantar las elecciones generales con la intención de capitalizar en las urnas el bloqueo derechista a los decretos que aliviaban o aplazaban la situación angustiosa de los inquilinos (aunque fuera a cargo del dinero público y no de los grandes propietarios). Y los sindicatos han convocado una huelga general por el efectivo derecho a la vivienda y al mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios.

Desde Unión Proletaria y otras organizaciones obreras, hemos respondido con determinación:

  • tomando partido por las masas que sufren y combaten la especulación inmobiliaria;
  • denunciando la raíz capitalista concreta del problema y reivindicando la expropiación del gran capital inmobiliario, además de medidas paliativas urgentes;
  • advirtiendo que, para poder satisfacer estas demandas, los sectores más avanzados de la clase obrera necesitan un partido político propio.

Para que la huelga general del 11 de noviembre y las elecciones parlamentarias del 29 de noviembre ayuden a los trabajadores a resistir y a mejorar su vida, hay cuatro requisitos que los comunistas debemos cumplimentar.

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Las cuatro tareas más urgentes

1º) Necesitamos un diagnóstico acertado de la relación entre la movilización por el derecho a la vivienda y la situación política, es decir, la lucha de clases nacional e internacional. Después de la crisis financiera de 2008 y de la crisis económica confundida con la pandemia en 2020, el coste de la vivienda –tanto en propiedad como en alquiler- ha crecido mucho más que los salarios. Es un fenómeno, quizás algo más acentuado en España, pero generalizado a causa de la crisis del actual capitalismo altamente monopolizado y financiarizado. A través de los bancos y demás empresas financieras, el capital sobrante (insuficientemente rentable en la verdadera producción) se dirige a la especulación del suelo y, cada vez más, a la fabricación de armas. Es así como el actual régimen burgués enfrenta la competencia internacional, la decreciente rentabilidad del capital industrial occidental y la correspondiente perspectiva de grandes guerras de rapiña.

Cada día se hacen más evidentes la decadencia, sobre todo económica, de los países capitalistas dominantes y las contradicciones crecientes entre ellos (ahí están, por ejemplo, las posiciones divergentes de EEUU y de la UE sobre las guerras que libran contra Rusia e Irán). En contraposición, los intereses y las acciones de los países oprimidos del Sureste Global convergen naturalmente hacia la articulación de un campo antiimperialista, por ahora sólo como tendencia objetiva al reunir fuerzas políticas con diferente naturaleza de clase. Tal es el verdadero significado de los conflictos geopolíticos actuales: la guerra yanqui-sionista contra Palestina, Irán y todo el Eje de la Resistencia; la guerra que, a través del régimen nazi ucraniano, sostiene la OTAN contra Rusia; y las guerras de baja intensidad contra los pueblos de América Latina y contra China y Corea socialistas. Aquí es donde se dirime realmente la lucha entre el progreso y la reacción, en la cual los comunistas y todos los demócratas consecuentes tenemos que tomar partido siguiendo la consigna de Lenin: “¡Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, unámonos contra los imperialistas!”.[2]

Dentro de los países imperialistas, los precios crecen más que los salarios y empeoran las condiciones de vida de la mayoría de la población, tanto de manera absoluta como todavía más en comparación con los capitalistas: así, mientras los salarios reales medios han permanecido estancados en los últimos 10 años, las grandes empresas del IBEX-35 casi han duplicado sus beneficios, desde los 35-45 mil millones de euros anuales entre 2015 y 2019, a más de 65 mil millones anuales después de la pandemia[3].

Lo cierto es que se está promoviendo en toda Europa el crecimiento del militarismo y de la desigualdad social, tanto por parte de la derecha como por parte de la socialdemocracia, si bien ésta lo hace de una manera más encubierta y “suave” para los más desfavorecidos[4]. A lo largo del tiempo, la derecha capitalista y la izquierda capitalista juegan al “poli malo” y al “poli bueno” con los trabajadores, relevándose en el gobierno para que la burguesía se lucre a costa nuestra y nos convierta en carne de cañón. En cuanto a la democracia pequeñoburguesa de Sumar, Podemos y otros, al someterse servilmente al PSOE, a los capitalistas, a la monarquía, a la burocracia involucionista, a la OTAN, a la UE, a Zelenski, etc., apenas si consigue arrancarles unas leves reformas. Su actitud cobarde desmoraliza a los progresistas y envalentona a los reaccionarios.

El actual movimiento de masas por el derecho a la vivienda tiene como enemigo principal a la patronal y a las derechas, contrarias a concederle siquiera un mínimo paliativo como son los últimos decretos del gobierno. Tampoco está dispuesto a entregarse a cambio de nada a aquella “izquierda” que ahora lo apoya únicamente con vistas a ganar las próximas elecciones anticipadas. Pasadas las elecciones, ambas alas de la burguesía convergerán en el objetivo de desactivar el movimiento por las buenas o por las malas, para seguir por el camino capitalista que acelera inevitablemente la explotación, el fascismo y la guerra.

2º) Tenemos que participar y defender este justo movimiento de masas, frente a quienes lo atacan por la derecha y por la “izquierda”.

Por la derecha, lo atacan los fanáticos del chovinismo, de la reacción y del liberalismo económico.

Es importante combatir la demagogia de los ideólogos capitalistas que intentan dividir a los trabajadores asalariados, enfrentando a los propietarios de vivienda contra los inquilinos. En ambos casos, la inmensa mayoría son clase obrera. El 60% de los hogares españoles son propietarios de la vivienda en la que habitan[5] y el movimiento actual no va dirigido contra ellos; incluso es el único que los defiende cuando la insuficiencia de sus recursos no les permite seguir pagando la hipoteca (uno de cada cuatro hogares está hipotecado[6]). Tampoco va dirigido el movimiento contra los dos millones de propietarios que tienen dos viviendas. Aunque alquilen su segunda vivienda, no pueden vivir, y menos enriquecerse, a base de las rentas que les proporcionan. No son ellos los que han hecho que se disparen los alquileres, sino los terratenientes y capitalistas financieros que monopolizan el mercado, atesoran viviendas vacías, especulan con el turismo, etc.[7] Como mucho, el arriendo de su segunda vivienda ha permitido a aquellos trabajadores atenuar la disminución de sus salarios reales causada por el aumento de los precios de los carburantes y de la comida. El verdadero interés de los trabajadores inquilinos y propietarios de vivienda está en unirse como clase frente al capital monopolista que devora los ingresos de unos y otros.

También por la “izquierda”, hay quienes atacan al movimiento actual porque, como toda lucha incipiente, tiene un carecer parcial y carece de un criterio general de clase; porque se opone “únicamente” a la forma rentista y más parasitaria del capital; porque está hegemonizado por tendencias políticas inconsecuentes con los intereses del proletariado; porque conviene electoralmente a la izquierda imperialista; etc. El dogmatismo y el sectarismo de estos hipercríticos “por la izquierda” les impide reconocer que los inconvenientes mencionados -por muy reales que sean- son mucho menores que los beneficios aportados por el actual movimiento al desarrollo de la lucha de clases, y son perfectamente neutralizables a condición de que los marxistas-leninistas intervengamos correctamente en él. La propensión fraccionalista de estos vocingleros ultraizquierdistas evidencia su naturaleza individualista y, por tanto, pequeñoburguesa.

3º) La correcta intervención de los comunistas consiste en criticar las posiciones no proletarias que perjudican el desarrollo del movimiento hacia la victoria, preservando a la vez su unidad de masas. La crítica necesaria ha de perseguir exclusivamente el objetivo de ampliar esta unidad para llevar al movimiento a la consecución de sus objetivos.

En este sentido, busca disuadir a las masas de los caminos oportunistas[8] y contraproducentes que les ofrecen los reformistas pequeñoburgueses y también aquellos revolucionarios pequeñoburgueses (anarquistas, trotskistas y similares) que, a diferencia de los mencionados en el punto anterior, apoyan al movimiento por la vivienda. Hay que explicar lo equivocados que son los fundamentos ideológico-políticos de estos partidos, tanto en términos generales como también a través de sus consignas y reivindicaciones cuando son expresión concreta de tales fundamentos.

La contradicción entre los programas pequeñoburgueses y las necesidades de las masas se expresa en muchos aspectos que guardan relación con la experiencia acumulada por la clase obrera a lo largo de dos siglos de lucha. Sin embargo, la expresión más grave de este divorcio en la actualidad es que la parte pequeñoburguesa del movimiento evita denunciar, por miopía política o por cobardía, que el motivo principal de la carestía y del empobrecimiento de la mayoría es el rumbo político hacia el rearme y la guerra contra Rusia que han tomado los gobiernos imperialistas europeos, incluido el español. ¡El gasto militar de España sólo en 2026 da para levantar 300.000 viviendas, y la ayuda reconocida por la UE a Ucrania desde 2022 equivale a más de dos millones de viviendas![9].

Los problemas políticos no se resuelven siguiendo la corriente ni repartiendo por igual las culpas desde una pretendida atalaya de pureza. En lo concreto, Rusia es el mayor productor de materias primas del mundo y no necesita atacar al resto de Europa. Son las élites europeas las que están desesperadas por apoderarse de sus riquezas, para luego ir a por China (ya que no pueden competir pacíficamente con una economía socialista) y poner fin a la insubordinación del “tercer mundo”. No les bastaba que Moscú les vendiera hidrocarburos baratos. Para salvar al régimen depredador euroatlántico, están dispuestas a sacrificarnos masivamente en el altar de una guerra que sería nuclear[10]. Hay que denunciar e impedir el crimen que nuestros gobiernos están preparando antes de que lo cometan. Y es grave que la cerrazón dogmática “anticapitalista” de los revolucionarios pequeñoburgueses distraiga al pueblo sobre el enemigo concreto y principal al que debe enfrentarse para sobrevivir.

Vemos cómo, en esta cuestión política principal para nuestra supervivencia, convergen los oportunistas de derecha y de “izquierda”, a pesar de su aparente oposición. Debemos combatir ambas desviaciones. Es un error absolutizar las de un signo y cerrar los ojos ante las de signo contrario. Como decía Lenin, hemos de realizar una “lucha en dos frentes” contra las desviaciones que, aun siendo opuestas, son «la manifestación de la influencia burguesa en el proletariado»[11]. Stalin opinaba que “ambos peligros, el de «izquierda» y el de derecha, ambas desviaciones respecto de la línea leninista, es decir, la desviación de derecha y la de «izquierda», llevan, aunque partiendo de diferentes extremos, al mismo resultado. ¿Cuál de estos peligros es el peor? Yo creo que ambos son peores.”[12]

4º) Finalmente, tenemos el reto de concretar el camino proletario revolucionario al que convocamos a los elementos más avanzados del movimiento. No basta con desvelar la esencia del problema, sumarse a la lucha y criticar a quienes la debilitan. También hay que esclarecer lo más posible las condiciones para que las demandas de las masas se hagan realidad.

Actualmente, la mayoría de los obreros con conciencia de clase entiende la salvaguarda de sus intereses por medio de elecciones parlamentarias o, en el mejor de los casos, por medio de una huelga general que -ocupando las calles, las empresas y los centros educativos- se desarrolle hasta obligar a la burguesía a someterse a la voluntad popular. Ambos medios son los que están en la agenda política inmediata y, por muy necesarios que sean, están muy lejos de ser suficientes.

Si no los dirigimos hacia la construcción del Partido Comunista, causarán frustración, como ya ha ocurrido con las huelgas generales y las elecciones habidas desde la restauración del régimen parlamentario. Por sí solos, ni los brazos caídos y ni los diputados más fieles a la clase obrera son enemigo suficiente para un Estado burgués armado hasta los dientes. Frente a las desorbitadas esperanzas electorales y huelguísticas, recordemos que: 1) los explotados sólo pueden satisfacer sus necesidades ejerciendo el poder político sobre sus explotadores; 2) para conquistarlo, deben vencer la fuerza represiva centralizada de la burguesía; 3) para vencerla, tienen que desarrollar y centralizar sus propias fuerzas, desde la defensiva hasta la ofensiva, partiendo de la organización de su sector de vanguardia en un Partido Comunista.

Debemos dirigirnos a los proletarios avanzados que vayan a participar en la huelga general y en las elecciones para convencerlos de que se sumen a la construcción del Partido Comunista como la tarea más urgente y necesaria de su lucha sindical y política.

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Sin teoría revolucionaria, no puede haber movimiento revolucionario

Los efectivos de los comunistas partidarios del marxismo-leninismo son todavía insignificantes y no tenemos una vinculación previa con las masas como la que sí han desarrollado los revolucionarios pequeñoburgueses. A éstos les es más fácil implantarse entre unas masas poco experimentadas y muy adoctrinadas por la ideología y la política burguesas. Nosotros, en cambio, hemos necesitado muchos años para rescatar los principios revolucionarios que los dirigentes aburguesados del PCE y de sus escisiones han ocultado, tergiversado o incluso difamado.

El camino para que los trabajadores se liberen de la esclavitud asalariada ha sido probado por la práctica de dos siglos de movimiento obrero y ha sido sintetizado por la teoría científica del marxismo-leninismo. Hasta mediados del siglo XX, era algo evidente a poco que llegaran las noticias de cómo el primer Estado de obreros y campesinos -la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas- se consolidaba, derrotaba militarmente a los imperialistas más feroces, igualaba sus fuerzas con las del bloque capitalista, desarrollaba una economía sin crisis ni desempleo, mejoraba espectacularmente las condiciones de vida de su población, ayudaba a formar todo un campo de países socialistas y a liberar a los pueblos del colonialismo, etc.

Por supuesto que la burguesía hacía todo lo posible por denigrar los progresos del comunismo, con la ayuda de quienes, habiendo sido parte, renegaron de ellos. Sin embargo, su éxito fue escaso hasta que un grupo de traidores encabezado por Jruschov consiguió hacerse con la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética. De repente, los ataques de los capitalistas contra el comunismo venían avalados por los dirigentes del principal partido comunista: presentaban a Stalin, el símbolo personal de la gesta soviética, como un tirano sanguinario y ególatra; la libre competencia empresarial como un método más eficaz que el colectivismo y la planificación central; el Estado y el partido como instituciones no del proletariado sino de “todo el pueblo”; la coexistencia pacífica con los imperialistas como sustituto del internacionalismo proletario; las elecciones parlamentarias como medio predilecto para pasar del capitalismo al socialismo; etc.

Treinta años después, el grupo liderado por Gorbachov completaría esta traición con la disolución de la URSS y la restauración del capitalismo en su territorio y en toda Europa Oriental. En nuestro país, fue el equipo “eurocomunista” de Santiago Carrillo el encargado de liquidar al glorioso Partido Comunista de España que, con unos pocos miles de militantes, había organizado la heroica resistencia popular contra el franquismo durante cuarenta oscuros años.

En el momento presente, el movimiento de masas por la vivienda representa un progreso con relación a su precedente del 15-M. Los inventos posmodernos han sido desplazados por las banderas rojas del comunismo. Pero se trata todavía de un comunismo muy primario y alejado de los principios del marxismo-leninismo.

La juventud estudiantil que lo compone se ha formado en el ambiente general anticomunista y, particularmente, bajo las enseñanzas de la academia burguesa que ha acumulado toneladas de enmiendas a nuestra teoría, incluso desde los puntos de vista más “revolucionarios” y “proletarios”. Muchos jóvenes desconocen que hubo y sigue habiendo una pléyade de intelectuales escribiendo por encargo de las instituciones imperialistas (desde el “marxismo occidental” de la Escuela de Frankfurt y el Congreso por la Libertad de la Cultura[13] hasta la reciente Cumbre del Secretario de Estado Marco Rubio con ideólogos anticomunistas de 60 países[14]).

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¡Abajo el idealismo! ¡Viva el materialismo!

Entre muchos simpatizantes del comunismo, se acusa una tendencia idealista e intelectualista a considerar defectuosa la teoría marxista-leninista, como si arrastrara un “defecto de fábrica” o un “pecado original” que explicara la caída de la URSS y el retroceso del movimiento obrero internacional.

Después de la derrota sufrida, es fácil dejarse impresionar por la sabiduría que exhiben cientos de filósofos, economistas, historiadores, etc., hasta el punto de aceptar sus conclusiones discrepantes de la teoría y de la táctica bolcheviques. Sin duda, es conveniente y necesario aprender de ellos, pero tanto en positivo como en negativo, es decir, valiéndose de un sentido crítico marxista-leninista formado a partir de la asimilación de las ideas de los comunistas que más hicieron por la causa y a partir de la práctica de la lucha de clases.

El mejor ejemplo a seguir para corregir y actualizar una doctrina es el de Lenin quien, lejos de considerar caducado y superado el marxismo del siglo XIX, al pasar el capitalismo a su etapa imperialista lo defendió y lo aplicó como única teoría capaz de comprender esta etapa nueva para llevar la revolución a la victoria. El marxismo-leninismo es, de lejos, la teoría que más ha hecho por mejorar las condiciones de vida de los oprimidos y por liberarlos de la esclavitud capitalista, a pesar del permanente estrangulamiento imperialista contra los países socialistas.

Al mismo tiempo que se sigue investigando qué errores pudieron favorecer la victoria del revisionismo en la URSS y en muchos otros países, un materialista debe reconocer que incluso la más perfecta teoría y su más perfecta aplicación a las condiciones concretas son incapaces de evitar una derrota temporal si la correlación de fuerzas es adversa. Los obreros recuerdan que sus huelgas han sido derrotadas muchas veces y procuran sacar las lecciones oportunas, pero no por ello dejan de recurrir a este probado método de lucha. Un militante materialista debe buscar ante todo en las condiciones objetivas la causa de una derrota.

A mediados del siglo pasado, la Unión Soviética y los partidos comunistas habían vencido a la embestida nazi-fascista del imperialismo, pero a costa de decenas de millones de vidas de los mejores revolucionarios y de inéditas concesiones a sus enemigos secundarios, mientras Estados Unidos salía de la Segunda Guerra Mundial indemne, enriquecida, sometiendo a los demás países capitalistas y monopolizando el arma atómica. Éstas son las condiciones objetivas que temporalmente dieron ventaja a burguesía, también dentro de la URSS.

¿Quiere esto decir que estamos condenados a repetir eternamente un ciclo de victorias y derrotas, de revoluciones y contrarrevoluciones, como en el mito del rey Sísifo? En absoluto. El materialismo consecuente es dialéctico y comprende que, a escala histórica, las condiciones objetivas se desarrollan, elevando con ello las posibilidades de éxito de la acción subjetiva. Concretamente, la creciente socialización de las fuerzas productivas por obra de las relaciones de producción capitalistas, y en contradicción con ellas, hace bascular progresivamente la correlación de fuerzas a nuestro favor: debilita a la clase capitalista y fortalece a la clase proletaria. Marx expresaba así la dialéctica de las condiciones objetivas y de la acción revolucionaria: «hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! (¡Aquí está Rodas, salta aquí!, en referencia a una fábula de Esopo sobre el momento de demostrar las palabras con hechos)».

Contemplamos ahora cómo ese capitalismo internacional, que centralizó su poderío en los Estados Unidos para derrotar al proletariado, no pudo completar esta misión. Al contrario, se hunde en una profunda crisis, mientras los pueblos esclavizados por él se están poniendo en pie con la ayuda de China y de Rusia, las grandes potencias forjadas por el proletariado revolucionario del siglo XX.

Por consiguiente, resulta cada día más claro que, para reconstruir el Partido Comunista, hay que partir de la teoría y de la táctica del marxismo-leninismo, en lugar de recurrir a viejas utopías o a nuevas modas.

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La estrategia y la táctica del proletariado revolucionario

Frente a la capitulación de las mayores organizaciones obreras ante la democracia burguesa, a algunos jóvenes (y no tan jóvenes) se les ocurre “innovar” con las viejas recetas tácticas de los “izquierdistas” que Lenin criticó en numerosas ocasiones: ninguna participación en los sindicatos colaboracionistas, en las elecciones parlamentarias, en compromisos con fuerzas no proletarias, etc. La táctica marxista-leninista no tiene nada que ver con tales simplificaciones infantiles, sino que se determina a partir del análisis concreto de la situación concreta. Así, en los comicios del 29 de noviembre, tendremos que esforzarnos por orientar a las masas obreras y populares a actuar de la manera más beneficiosa -si se prefiere, menos perjudicial- para sus intereses estratégicos.

Entre las innovaciones retrógradas hoy de moda, destaca por su importancia práctica la negación de la teoría leninista del imperialismo y de la estrategia que le corresponde; una negación que nos retrotrae al marxismo del siglo XIX, cuando el capitalismo todavía no era monopolista, y que hoy condena a sus adeptos a la esterilidad política.

En la época del capitalismo de libre competencia (no dominado por los monopolios, hacia lo cual no obstante tendía), la revolución proletaria podía comenzar en algún o algunos países desarrollados y extenderse rápidamente al resto de los países capitalistas. Era el camino que defendían Marx y Engels. De este modo, se atajaba la posibilidad de que la fuerza de la burguesía internacional se recompusiera allí donde la revolución proletaria no se hubiera extendido; y también se reducía el riesgo de contaminación nacionalista del proletariado.

En la etapa imperialista-monopolista del capitalismo iniciada en la divisoria de los siglos XIX y XX, la socialización de las fuerzas productivas alcanza una dimensión internacional, pero territorialmente heterogénea: la dominación de los monopolios en los países de capitalismo más desarrollado trasciende las fronteras nacionales, de tal modo que unas pocas naciones oprimen y explotan a la mayoría. Las primeras parasitan la riqueza general y, con una pequeña parte de ésta, sobornan a la capa superior de la clase obrera, la cual dirige al movimiento organizado de los trabajadores asalariados hacia la conciliación de clases, el chovinismo, el reformismo, el legalismo, etc. En contrapartida, las segundas sufren un saqueo que frena el desarrollo de su economía y de su propio proletariado, saqueo apuntalado por una opresión político-militar (sanciones, bloqueos, destrucciones, invasiones, etc.).

Por consiguiente, de entrada, la reestructuración imperialista del capitalismo mundial fortalece a la burguesía, mientras que el proletariado internacional se ve debilitado por el aumento de las diferencias entre los obreros de ambos tipos de países. En estas condiciones de desarrollo crecientemente desigual, la clase obrera ya no puede triunfar a la vez en todos los países; y, además, depende de que los imperialistas y sus Estados sean debilitados por las luchas democrático-burguesas de las naciones oprimidas que, de este modo, se convierten paradójicamente en parte inalienable de la revolución proletaria mundial.

De ahí que, sobre todo después de la derrota del socialismo en la URSS, las contradicciones entre las naciones se manifiesten con un carácter más agudo que las contradicciones entre las clases sociales, entre la burguesía y el proletariado.

“Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria -explica Stalin- solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial; porque el viejo capitalismo ‘civilizado’ se ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del Globo por un puñado de países ‘adelantados’.” [15]

Si no comprendemos y explicamos a los obreros esta realidad del capitalismo contemporáneo, si nos limitamos a repetir dogmáticamente que el proletariado se contrapone a la burguesía, el socialismo al capitalismo, la dictadura a la democracia, etc., no podremos conducir a nuestra clase social hacia la revolución socialista, sino únicamente al oportunismo y a la derrota de sus anhelos.

Elevar la conciencia de los obreros de nuestro país, también explotados y cada vez más empobrecidos, exige ponerlos frente a la realidad internacional, combatir su ignorancia, el engaño ajeno, la aparente comodidad y el miedo a la libertad y a la revolución. La revolución crece con la guerra imperialista, acarrea sacrificios, represión y, después de triunfar, el cerco hostil de los imperialistas, con sus agresiones, bloqueos y demás zancadillas que dificultarán la realización de las ventajas del socialismo hasta que éste se consolide en la mayoría de los países.

Además de asimilar los principios generales del marxismo-leninismo, hay que aplicarlos a la hora de comprender cómo se ha ido definiendo prácticamente la contradicción principal por la que volverá a abrirse camino el socialismo: la que opone el campo del imperialismo al campo objetivamente antiimperialista (estados, pueblos, clases y capas sociales, fuerzas armadas, partidos y organizaciones de masas, etc.).

En resumen, la reconstrucción del Partido Comunista sólo es posible reuniendo a los militantes dispuestos a asimilar y a practicar la teoría marxista-leninista y a anteponer la solidaridad con todas las fuerzas que combatan al imperialismo de EE. UU. y de la UE, cualquiera que sea su carácter de clase, su ideología y su capacidad de resistencia. La actividad prioritaria de la organización resultante ha de ser la agitación y la propaganda de este programa entre las masas, sobre todo a través de una prensa regular y frecuente.

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La solución de las contradicciones secundarias dentro del partido

A partir de aquí, la organización comunista podrá completar su cometido si adopta un método adecuado de tratamiento de las demás contradicciones entre sus miembros, las cuales no tienen por qué ser antagónicas.

Los comunistas de una misma organización o de diferentes organizaciones tenemos desacuerdos sobre la relación entre la lucha de clase del proletariado y las demás cuestiones sociales: nacionalidad, sexualidad, democracia, etc. Puesto que las contradicciones sólo pueden resolverse desarrollándolas, lo primero es expresarlas y analizarlas desde el punto de vista del marxismo-leninismo (y de su concreción en el programa político de la organización). En este sentido, hay que evitar tanto el seguidismo como el sectarismo hacia las tendencias espontáneas de las masas entre las que intervenimos.

Para resolver las contradicciones, hay que recorrer un proceso de negación de la negación, tal como explica Engels[16]. Si observamos el resultado final de un proceso así, vemos que la tesis criticada habrá sido “aufgehoben, es decir ‘conservada y superada a la vez’, superada en cuanto a la forma, conservada en cuanto al contenido”. Son pues absurdas y contraproducentes las propuestas ultraizquierdistas de suprimir todo lo viejo.

Ahora bien, no puede haber superación si sólo hay conservación. No se trata de conciliar eclécticamente lo nuevo y lo viejo que han entrado en conflicto, como pretenden los reformistas, sino, al contrario, de desarrollar este conflicto. Hay que empezar por negar lo que es falso y lo que ha caducado con la mayor energía e intransigencia. Pero hay que hacerlo tal como Engels explica: “Yo debo, no sólo negar, sino también superar (Aufheben) de nuevo la negación. Yo debo constituir la primera negación de tal suerte que la segunda sea o llegue a ser posible. ¿Y cómo? Según la naturaleza específica de cada caso particular.”

Al abordar las discrepancias, por tanto, cada militante debe esforzarse por reconocer las verdades parciales contenidas en la opinión contraria. Luego, es precisa cierta experimentación práctica -producción, ciencia y lucha de clases- antes de zanjar definitivamente una discusión importante (“la práctica es el criterio de la verdad”). Se trata de que la cantidad debe crecer y acumularse para que podamos alcanzar una nueva calidad, para que podamos desarrollarnos en conexión con nuestro entorno hasta reconstituir el Partido Comunista.

Ciertamente, la organización no siempre puede esperar a que la solución de las discrepancias madure antes de actuar. Cuando las necesidades prácticas apremian, hay que tomar una decisión por mayoría, pero no tiene por qué considerarse definitiva.

Tal es el fundamento materialista dialéctico del centralismo democrático. Lo contrario es burocratismo, el cual acaba primero con la democracia y finalmente, con toda posibilidad de centralizar, de unir en un solo puño, la lucha de las masas obreras y populares.

Con la teoría, la táctica y el método de organización del marxismo-leninismo, la próxima batalla de noviembre y las siguientes nos permitirán reconstruir el Partido Comunista para que el proletariado pueda liberarse de los horrores del capitalismo imperialista y construir el socialismo.

Gavroche

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NOTAS:

[1] Corrupción PP y PSOE – Todos los casos documentados

[2] «Discurso en la reunión de células del Partido de la organización de Moscú del PC(b) de Rusia», pronunciado el 6 de diciembre de 1920.

[3] La evolución de los salarios en España: más allá de las medias | Economía nacional e internacional | Cinco Días y Resultados de las empresas del Ibex 35

[4] Privilegiar los intereses del capital para que crezca el Producto Interior Bruto está empeorando la capacidad económica de los trabajadores, porque aumenta la especulación inmobiliaria turística, la sobreexplotación de la mano de obra inmigrante y la dependencia de las subvenciones comunitarias: España gana peso en Europa y copa el 15% de la inversión inmobiliaria y España crece, pero tu bolsillo no: por qué la vida no encaja con la macro – El Orden Mundial – EOM

[5] La España de propietarios mengua: cae un 22% el número de hogares que posee un inmueble mientras los grandes tenedores cuadruplican su patrimonio | Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030

[6] Casi la mitad de los hogares españoles tiene su vivienda en propiedad sin hipoteca — idealista/news

[7] Más de un millón de viviendas pertenecen a grandes tenedores y la mitad cuentan con más de 100 inmuebles cada uno (¿Cuántos grandes propietarios hay en España? Estas son las ciudades con más viviendas de grandes tenedores).

[8] “El oportunismo es el sacrificio de los intereses vitales de las masas en aras de los intereses momentáneos de una minoría insignificante de obreros, o, dicho en otros términos, la alianza entre una parte de los obreros y la burguesía contra la masa proletaria”. (Lenin, La bancarrota de la II Internacional. Obras completas, tomo 26, p. 261, Editorial Progreso)

[9] España dispara en 2025 su gasto militar un 46% y ya absorbe más de 23.000 millones de dinero público | Público y La UE supera los 227.000 millones de euros en ayuda a Ucrania para seguir la guerra contra Rusia | La Mañana

[10] Putin advierte que usará todo su arsenal si Rusia es atacada

[11] Notas de un publicista, Lenin, marzo-mayo 1910, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/progreso/tomo19.pdf

[12] Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS, Stalin, 1928, https://www.marxists.org/espanol/stalin/obras/oe15/Stalin%20-%20Obras%2011-15.pdf

[13] La CIA y el anticomunismo de la Escuela de Frankfurt – Rebelion, Congreso por la Libertad de la Cultura 1950-1967-1979 y Cubadebate

[14] Vuelve el enemigo comunista | lamarea.com

[15] Los fundamentos del leninismo, Stalin, 1924, https://www.marxists.org/espanol/stalin/1920s/fundam/fundam3.htm

[16] Anti-Dühring, Engels: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion1.htm#xiii