El aborto no es un capricho

Patro Anaya

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El aborto no es un capricho, es un síntoma de las carencias del sistema capitalista que usted defiende.

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Sra. Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid:

En relación con sus recientes declaraciones que pretenden limitar el derecho al aborto en nuestra comunidad, me veo en la obligación de recordarle una realidad de la que parece haberse olvidado en su discurso: las mujeres no acudimos a interrumpir un embarazo por gusto, por diversión o por frivolidad. Lo hacemos como un recurso último, movidas por la necesidad y la falta de alternativas viables en un sistema que nos da la espalda.

Su enfoque, que criminaliza y juzga a la mujer, ignora por completo las causas profundas que llevan a esta decisión. En España, y muy particularmente en Madrid con su altísimo coste de vida, el aborto está intrínsecamente ligado a las condiciones de vida precarias que genera una sociedad capitalista y explotadora. Hablamos de salarios que no alcanzan para fin de mes, de alquileres que devoran más del 70% de un sueldo, de trabajos inestables y de la ausencia de corresponsabilidad real.

Le invito a revisar las estadísticas: una gran parte de las mujeres que abortan ya son madres. Saben lo que es querer y cuidar a un hijo. Y precisamente por esa experiencia, son plenamente conscientes de que llevar a término otro embarazo supondría, en muchas ocasiones, sumir a su familia en una pobreza aún mayor. ¿Qué madre desea eso para los hijos que ya tiene? La decisión de no ampliar la familia no es un rechazo a la maternidad, sino un acto de responsabilidad ante la imposibilidad de garantizar una vida digna.

Sin embargo, su gobierno no solo se limita a un discurso que estigmatiza, sino que con sus acciones (o inacciones) sabotea activamente el acceso a un derecho reconocido por ley. La negativa sistemática a crear un registro de personal sanitario objetor de conciencia en el SERMAS (Servicio Madrileño de Salud) es la prueba más clara. Dicho registro, cuyo objetivo debe ser equilibrar el derecho a la objeción de conciencia del personal con el derecho de las mujeres a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), es imprescindible para garantizar esta prestación en todo el territorio madrileño.

Al no existir este registro, se impide una planificación sanitaria eficaz, se genera desconfianza en las mujeres hacia el servicio público de salud –que ven cómo su derecho se ve frustrado por la derivación eterna o la negativa directa o indirecta– y se discrimina a la población madrileña, que no cuenta con las mismas garantías que ciudadanas de otras Comunidades Autónomas donde estos registros sí existen y funcionan para asegurar la prestación.

Por ello, si de verdad le preocupa la natalidad en la Comunidad de Madrid, no basta con discursos que se limitan a la esfera privada de las mujeres. La solución no está en recortar derechos, sino en construir apoyos.

Si quiere que las mujeres puedan elegir ser madres, empiece por:

  • Garantizar empleos estables y salarios dignos que permitan proyectar una vida familiar sin angustia.
  • Fomentar una red completamente pública, gratuita y accesible de educación en todos sus niveles, sin desviar el dinero público a entidades concertadas de capital privado o religioso.
  • Promover una política de vivienda real que libere a las familias jóvenes de la asfixia económica de los alquileres excesivos.
  • Fortalecer los servicios públicos, desde la sanidad hasta la dependencia, que son el verdadero colchón del bienestar social.
  • Cumplir la ley y garantizar el derecho al aborto, creando de inmediato el registro de objetores para que el derecho de las mujeres no sea papel mojado.

En definitiva, Sra. Ayuso, deje de señalar a las mujeres y empiece a señalar las carencias estructurales que su gobierno tiene la obligación de resolver. La maternidad debe ser una opción libre, no un castigo. Y solo será libre cuando existan las condiciones sociales y económicas para ejercerla con dignidad y cuando los derechos sexuales y reproductivos sean una realidad tangible, y no un privilegio geográfico.

Atentamente,

Patro Anaya