Ceuta: Frontera de la Desesperación, No de la Invasión
Unión Proletaria
.
La narrativa que se ha instalado en los grandes medios de comunicación y en el discurso político hegemónico es tan falaz como peligrosa. Se habla de «invasión», de «asalto», de «amenaza a la soberanía» cuando nos referimos a la llegada de personas migrantes a las costas de Ceuta. Como comunistas e internacionalistas, tenemos la obligación ética y política de desmontar esta gran mentira y señalar a los verdaderos responsables de este drama humano.
.
Primero, la verdad material frente a la manipulación semántica. ¿Cuándo una invasión se ha hecho a nado, con el cuerpo desnudo y el estómago vacío? La historia nos enseña que las invasiones las protagonizan ejércitos pertrechados, barcos de guerra y aviones de combate; llegan para saquear recursos, someter pueblos y destruir soberanías. Un trabajador desesperado, que se lanza al mar con lo puesto, que ha conocido el hambre y la falta de horizonte, no es un invasor. Es una víctima de un sistema global de expolio que busca únicamente sobrevivir. Llamar «invasión» a la migración por necesidad es un insulto a la inteligencia y una justificación para la represión. Es la coartada ideal para blindar con concertinas y devoluciones en caliente lo que ellos llaman «la Europa fortaleza», y que nosotros llamamos la cárcel de la miseria planificada..
Segundo, la hipocresía geopolítica y el doble rasero mediático. Proceden, en su mayoría, de Marruecos. Si este país vecino estuviera gobernado por un régimen socialista, progresista y soberano, que no se arrodillara ante los dictados de Estados Unidos y la Unión Europea, ¿cómo serían tratados estos migrantes por los mismos medios que hoy los criminalizan? La respuesta es clara: serían presentados como «disidentes», «refugiados políticos», «huidos de un régimen dictatorial». Se les abrirían las puertas, se les concedería asilo y su huida sería utilizada como propaganda contra un gobierno que osara desafiar el orden imperialista.
.
Pero como Marruecos es una monarquía aliada, un socio estratégico y un gendarme de Europa en la frontera sur, el relato cambia. No se habla de las causas profundas: un modelo económico impuesto que condena a las masas populares marroquíes a la precariedad, al desempleo y a la falta de derechos básicos. Se silencia que la miseria que los empuja a emigrar es la misma que genera el capitalismo global en todas las periferias del mundo. No huyen de la falta de libertades abstractas; huyen del hambre concreta, de la falta de trabajo y de futuro, mientras las élites locales y las multinacionales extranjeras se reparten sus riquezas.
.
El drama de Ceuta es el resultado lógico de una frontera que es una cicatriz abierta entre el Norte enriquecido y el Sur empobrecido. Esa línea divisoria no es un accidente geográfico, es la expresión violenta de un sistema de clases a escala planetaria. Frente al discurso del miedo y la xenofobia, que solo beneficia a la burguesía y divide a la clase trabajadora, oponemos el principio del internacionalismo proletario.
[¡ADVERTENCIA!
Por encima de cualesquiera contradicciones geopolíticas, las migraciones de los países sometidos a los países dominantes son una consecuencia del imperialismo, la actual etapa putrefacta del capitalismo. Los migrantes pueden estar manipulados o no, puede haber efecto llamada o no, puede que sea por Marruecos, por Estados Unidos e Israel, por engaño, por los acuerdos con Argelia o por lo que sea. Pero lo fundamental es que estas grandes migraciones -o las más pequeñas y continuas- «de la jungla al jardín» (como diría Borrell) están causadas por el imperialismo. Y España, como país imperialista, sufre las consecuencias de serlo. Es precisamente para que se libere de ese imperialismo por lo que los comunistas apoyamos a los trabajadores, sean de donde sean y vengan de donde vengan, porque toda esta unión fomentada por la intervención comunista favorece el desarrollo de la conciencia de clase].
.



