Un partido para vencer a los imperialistas
Unión Proletaria
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En su sangriento empeño por reconquistar y explotar el mundo, los imperialistas han obtenido una importante victoria en Siria. Ha sido un duro golpe a la resistencia de Palestina y de todos los pueblos de la Asia Occidental, tan rica en esa primordial materia prima que es el petróleo. La ofensiva islamofascista contra el gobierno nacionalista sirio ha dado un respiro al Occidente imperialista tras sus últimos reveses frente a Rusia, frente al Eje de la Resistencia integrado por palestinos, libaneses, iraníes, irakíes, yemeníes y sirios, frente a Venezuela, frente al pueblo surcoreano que ha derrotado un autogolpe fascista, frente al electorado popular de Georgia, Moldavia, Rumanía, etc.
Hay quien se confunde o quiere confundir a los demás, buscando la causa principal del colapso del régimen baazista sirio en su carácter de clase: el hecho de que fuera la burguesía patriótica y no el proletariado la clase dirigente habría debilitado la determinación antiimperialista y antisionista de las masas. En todo caso, se estaría culpando a los obreros y campesinos sirios por su debilidad y, teniendo en cuenta las causas geopolíticas de ésta, se estaría condenando a los pueblos a la impotencia por el lugar que ocupan en la división imperialista del planeta. Los pueblos de las potencias imperialistas estarían demasiado acomodados y los demás pueblos estarían demasiado oprimidos. Todo estaría perdido hasta que, por obra de algún proceso desconocido, se desarrollara una clase obrera “pura” y triunfante. Desde luego que este modo de concebir el socialismo proletario no tiene absolutamente nada que ver con el de Marx, Engels y Lenin, los cuales siempre lo concibieron como fruto del desarrollo del movimiento democrático-popular.
La clase proletaria tiene la debilidad o adversidad de verse afectada por la división imperialista del mundo entre países opresores y países oprimidos. Sólo puede superar este escollo y desarrollar su capacidad política si sus sectores más conscientes promueven la unidad y el fortalecimiento mutuo de todas las luchas contra los imperialistas, sean cuales sean las clases sociales que las dirijan. Los imperialistas son la clave de bóveda del edificio capitalista que explota a los obreros y que los hunde en la miseria: cuando éstos concentren los golpes contra ella, harán caer el edificio y, entonces, podrán construir uno nuevo.
No señores, Siria no ha caído por la debilidad de la unidad antiimperialista y antisionista de la burguesía patriótica del Baaz y de las masas trabajadores. Son los imperialistas los que, desde la descolonización, no han parado de debilitarla en busca de la revancha. Han atacado al país con mercenarios fanáticos, lo han bombardeado regularmente, han ocupado sus regiones más ricas, le han robado su petróleo y sus cereales, lo han sometido a sanciones empobrecedoras y asesinas, etc.
Por su valerosa resistencia y solidaridad con el pueblo palestino, Siria recibió el apoyo de los gobiernos ruso, iraní, chino, cubano, venezolano y, en general, de todos los que combatimos y denunciamos a los imperialistas. Pero no fue suficiente.
Si acaso, se podría culpar al movimiento obrero occidental por dejar que sus gobiernos hagan toda clase de fechorías por el mundo. Pero, ¿qué podemos esperar de él si la alternativa a los dirigentes corporativistas y oportunistas de los trabajadores es una utopía dogmática y sectaria? ¿Qué se le puede reprochar al movimiento obrero cuando su supuesta “ala izquierda” está en manos de quienes no comprenden o no quieren que se comprenda que la lucha contra los capitalistas, aunque sea por migajas, está abocada a la derrota si no va unida a la solidaridad con todas las fuerzas opuestas a la oligarquía financiera internacional organizada en la OTAN, la UE, el G-7 y otros organismos supranacionales?
En definitiva, sólo conseguiremos levantar un movimiento obrero realmente de clase e independiente de la burguesía si denunciamos también el falso revolucionarismo, el falso socialismo y el falso antiimperialismo de esa “oposición de izquierda” formada por trotskistas, seguidores del KKE y epígonos dogmáticos de Mao y Hoxha que siembran a su alrededor la desconfianza hacia quienes hoy se enfrentan a los imperialistas incluso con las armas en la mano.[1]
Claro que, para que esta denuncia sea eficaz, hay que ir a las masas; hay que participar en toda movilización de éstas, aunque sólo sea parcialmente justa; hay que tener paciencia con ellas porque no tienen la culpa de su ignorancia, fortalecer el ánimo y ser perseverantes.
La solidaridad con las mayores potencias que hacen frente a los imperialistas como Rusia, China, la RPD de Corea e Irán todavía se limita a las redes sociales y a actos fuera de la vía pública. En cambio, el apoyo a Palestina ha movilizado a decenas de miles de personas en las calles y ha permitido la organización de cientos de ellos.
Debemos reconocer que enfrentamos importantes factores adversos. Las autoridades reducen el margen de legalidad para la militancia antiimperialista y, con su creciente propaganda, la simpatía/tolerancia de la población hacia el comunismo. Aunque el conocimiento de nuestra teoría marxista-leninista nos dé confianza en la victoria a escala histórica, la degeneración de la URSS y del Partido Comunista de España, así como el ascenso de España en el sistema internacional imperialista, nos han puesto las cosas más difíciles en lo inmediato. Los cambios internacionales favorables que se están produciendo todavía no han dado la vuelta a la correlación de fuerzas y los gobernantes están procurando evitar un empeoramiento brusco de las condiciones materiales de vida de la gente como el que ocurrió a consecuencia de la crisis financiera de 2008. Y el malestar popular lo están distrayendo o canalizando hacia la demagogia reformista o reaccionaria.
A nuestro juicio, el aspecto de la vida social que más puede y más va a acelerar la marcha hacia la revolución es la lucha internacional contra el imperialismo que se está desarrollando. En realidad, este estímulo parece nuevo, pero constituye la regla general de nuestra época, tal como lo expresaba Stalin en su libro Los fundamentos del leninismo:
“Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial; porque el viejo capitalismo «civilizado» se ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del Globo por un puñado de países ‘adelantados’.”
En nuestra opinión, la claridad al respecto es la clave para revertir el proceso degenerativo de las organizaciones comunistas y de la población obrera: considerando la explotación de los trabajadores asalariados por los capitalistas, la opresión neocolonial de las naciones atrasadas o débiles y la esclavización de todas las demás clases sociales por la oligarquía monopolista financiera, nuestro cometido es, como dice Lenin en ¿Qué hacer?, “sintetizar todas estas manifestaciones en un cuadro único”.
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Breve historia de la etapa imperialista del capitalismo
El imperialismo es una etapa superior del capitalismo en el que las fuerzas productivas adquieren una dimensión internacional o global, mediante una división social del trabajo compleja y cambiante bajo la dominación de los monopolios desarrollados en Europa Occidental y Norteamérica en la confluencia de los siglos XIX y XX.
Hasta la Segunda Guerra Mundial, hubo una lucha abierta y violenta entre estos monopolios nacionales por el dominio del planeta, aunque también llegaron a unirse contra el movimiento obrero y contra el socialismo naciente en la Unión Soviética.
La Segunda Guerra Mundial dio lugar a una ampliación del campo socialista, a un retroceso de la dominación colonial imperialista y a la subordinación de las potencias europeas a los Estados Unidos. En definitiva, creció la necesidad y la posibilidad de los imperialistas de unirse contra los movimientos de liberación social y nacional, para recuperar las posiciones perdidas. El imperialismo dejó atrás un período en que prevalecían las pugnas nacionales y entró en otro en que prevalece su colusión internacional, hasta llegar a construir un sistema mundial de dominación encabezado por los monopolios yanquis seguidos de los monopolios europeos, japoneses, canadienses, etc.
Frente a él, se encontraba un campo socialista y democrático de países debilitados por la guerra y/o el atraso económico, en el que no tardaría a producirse una desviación revisionista (es decir, burguesa) y una ruptura exagerada que el campo imperialista aprovecharía para rehacerse y emprender una contraofensiva, primeramente, ideológica.
Al poco tiempo, sin embargo, la base económica del sistema imperialista entró en profunda crisis desde los años 60-70 (coincidiendo en España con la Transición del franquismo a la monarquía parlamentaria). Se trataba de una crisis estructural porque su resolución exige una destrucción tal de fuerzas productivas que alcance a monopolios enteros tan poderosos que no pueden ser purgados por las crisis de superproducción ordinarias. Como una destrucción así exige un cataclismo de las dimensiones de una guerra mundial –hecho muy arriesgado desde la proliferación de armas nucleares-, los capitalistas se han visto obligados a asegurar sus ventas y sus ganancias recurriendo en una escala cualitativamente superior al crédito, al endeudamiento: en definitiva, a la financiarización de la economía que consiste en subordinar la producción a la rentabilización del capital-dinero (acciones, deuda pública, fondos de inversión, etc.).
El capitalismo principalmente estadounidense lanzó entonces una ofensiva neoliberal contra las economías nacionales de sus aliados, contra los países oprimidos y contra el campo socialista. Esta ofensiva desembocó en el dominio de una oligarquía financiera cosmopolita, en la crisis de la deuda externa de los países periféricos y en el derrumbe/expolio de la URSS y de sus aliados de Europa Oriental. El éxito de esta operación permitió a los imperialistas conquistar y saquear nuevos mercados, lo cual alivió la crisis del capitalismo, sobre todo la de las economías centrales durante unos pocos años, hasta el batacazo de las finanzas en 2008.
La ofensiva de los imperialistas sufrió los primeros reveses en China en 1989 y posteriormente en Rusia. Estos países consiguieron manejar a su favor los intereses contradictorios de los capitalistas con vistas a desarrollarse y, a tal fin, conformar una alianza estratégica entre ambos.
Así, llegamos a la situación actual en que el naciente sistema de Estados soberanos supera en población y riqueza al conjunto de las potencias imperialistas. Éstas todavía tienen una mayor riqueza per cápita y un mayor poderío militar, pero su crecimiento económico es más lento y precario. En consecuencia, el curso económico acabará invirtiendo la correlación de fuerzas, a no ser que el imperialismo consiga impedirlo por medios violentos.
Este último recurso de que disponen los imperialistas hace que prevalezca la tendencia a la Tercera Guerra Mundial (Ucrania, Palestina, Irán, Corea, Taiwán, etc.). Esta tendencia se ve frenada hasta cierto punto por el riesgo de destrucción nuclear mutua, pero sólo puede ser descartada por el levantamiento revolucionario de los pueblos de los propios Estados imperialistas.
Para desarrollar la guerra mundial en curso, los imperialistas practican una machacona propaganda sobre las intenciones invasoras de Rusia y de China. Es una propaganda falsa que enmascara los verdaderos motivos del conflicto internacional, pero que genera una paranoia influyente en las acciones temerarias de muchas personalidades occidentales: ya hay planes de guerra directa contra Rusia a corto plazo (según un general alemán, a tres años vista), desplazamiento de tropas y armamentos hacia los países más orientales de la OTAN y construcción de infraestructuras logísticas (aeropuertos, autopistas, ferrocarriles, …).
Los países miembros de la OTAN aprobaron elevar sus gastos militares por encima del 2% del producto interior bruto y la Unión Europea se apresta a suplir el apoyo militar de EEUU a Ucrania si el nuevo gobierno de Trump decidiera retirarla. Van a culpar a éste del empeoramiento de las condiciones de vida en Europa para volver a presentar a la socialdemocracia como la alternativa “defensora de los trabajadores, del progreso, de la solidaridad internacional y de la paz”… por supuesto, dentro del marco social imperialista.
En España, esta subida del gasto militar –aprobada por el gobierno “de izquierda” y respaldada por la oposición de derecha- hasta alcanzar unos 30.000 millones de euros (el 15% del gasto público, es decir, 1 de cada 6 euros aportados al Estado fundamentalmente por los trabajadores), en una situación de bajo crecimiento económico, se realiza en detrimento del gasto social: de ahí la falta de medios para prevenir los daños de las DANA, como la que asoló Valencia, o las pandemias (muertes por COVID19 por millón de habitantes: en EEUU, 3.500; en España, 2.500; en Cuba, 758; en China, 87), además del paulatino deterioro de los servicios públicos ordinarios por las políticas neoliberales (privatizaciones, recortes, etc.).
Consideramos necesario refutar las mentiras de los imperialistas sobre quiénes son los agresores y quiénes son los agredidos. También consideramos necesario denunciar que el acelerado deterioro de las condiciones de vida, incluso en los países imperialistas, está provocado por la deriva belicista occidental. Pero estos dos requisitos nos parecen insuficientes. Para que la masa de la población se levante contra el imperialismo, también hay que explicarles por qué el rumbo hacia la guerra mundial es una necesidad objetiva derivada de la situación actual del imperialismo, y no solamente es culpa de la voluntad de uno u otro de sus representantes políticos. Además, únicamente de este modo, la lucha antiimperialista podrá fijarse un objetivo positivo y resolutivo –el socialismo- que la fortalecerá a un nivel cualitativamente superior.
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¿Por qué el imperialismo tiende hoy irresistiblemente a la Tercera Guerra Mundial, a pesar del riesgo de autodestrucción general?
No sólo porque le han salido competidores sólidos, sino porque se encuentra de por sí en un proceso de declive económico.
Desde los años 60, en los países capitalistas más desarrollados, es decir, en los países imperialistas, las tasas de crecimiento de la producción y de la productividad del trabajo han bajado bruscamente para no recuperarse. Disminuye la natalidad y, por tanto, la cantidad de trabajadores, apenas compensada por la inmigración.[2]


Aunque los países centrales tienen la población autóctona e inmigrante más cualificada y el más avanzado capital productivo, situándose a la vanguardia del progreso científico-técnico, el traslado de este progreso a la producción misma no deja de disminuir. Esto se debe, por una parte, a que las costosas inversiones en capital fijo son menos rentables que bajar los salarios de los trabajadores, como lo están consiguiendo por medio de la destrucción de conciencia, unión y organización de la clase obrera. Por otra parte, se debe a que el gran capital prefiere invertir en los mercados financieros donde rentabilidad es mayor, sobre todo a corto plazo.


Esta tendencia a la financiarización ha disparado la deuda mundial a 315 billones de dólares en 2024 (casi 100 billones más que en 2020): hasta los años 70, la cantidad de deuda era casi equivalente a la de la producción, pero ahora, se debe 3,33 veces más que lo que se produce. La mayor parte de este endeudamiento y de su crecimiento lo contraen los propios países imperialistas (70 y 80% respectivamente), al tiempo que cobran casi 1 billón de dólares de intereses al año a los países dependientes.[3]

A medida que van venciendo estas deudas, hay que pagarlas, en última instancia, a costa de exprimir a la clase obrera y a los países más debilitados y dependientes. En parte, el capital financiero centralizado en Estados Unidos lo consigue mediante la impresión creciente de dólares (invertidos por el gobierno en el Complejo Militar Industrial), lo cual repercute en todas las economías nacionales puesto que es la divisa del 90% de las transacciones comerciales del mundo. Esta inflación de dólares (y de precios) es su manera, hasta ahora segura, de hacer que otros paguen sus deudas. Pero las víctimas de esta estafa se están uniendo para ponerle fin, particularmente a través del grupo BRICS que acoge a más y más Estados.
En definitiva, a la larga, a los imperialistas sólo los puede salvar una guerra que les permita someter y saquear a quienes no consiguen dominar “pacíficamente”.
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El remedio está en nuestras manos
Esta guerra puede aniquilar la humanidad, pero los imperialistas no lo pueden evitar porque es su naturaleza de funcionarios del capital (como en la fábula de la rana y el escorpión). Por tanto, tampoco podrán evitarla en solitario los países agredidos por los imperialistas, sino únicamente si nos unimos a ellos los proletarios y demás oprimidos de los propios países dominantes, levantándonos contra nuestros capitalistas financieros hasta, por lo menos, ponerlos contra las cuerdas.
Parece una responsabilidad excesiva para los pocos comunistas revolucionarios de los países imperialistas, pero nuestras acciones “insignificantes” están abocadas a producir un efecto mariposa que acabará derrocando al imperialismo (la transformación de la cantidad en calidad). El desarrollo de la tercera guerra mundial encauzará el anhelo de las masas hacia el comunismo, al igual que ocurrió en las trincheras de la primera y en los frentes de la segunda. Sólo tenemos que ser pacientes y trabajar duro para que el encuentro entre el comunismo y las masas proletarias se produzca antes de que sea demasiado tarde.
La Plataforma Mundial Antiimperialista (PMA), que empezó su andadura hace dos años, representa el esfuerzo urgente y crítico por levantar a la clase obrera, a la cabeza del pueblo, para salvar a la humanidad, por medio del derrocamiento de los imperialistas y del avance hacia el comunismo. Por ahora, es una fuerza pequeña, pero está reuniendo a los mejores marxistas-leninistas, por encima de sus diferentes orígenes, alrededor de la estrategia necesaria. La PMA está todavía en una etapa de extensión geográfica por el planeta, pero está llamada a cumplir el conjunto de tareas que corresponde a una Internacional Comunista, orientando, organizando y dirigiendo la actividad de los comunistas y antiimperialistas en los diversos países.
En países imperialistas como España, la lucha del proletariado está constreñida en los límites que convienen a los capitalistas a través de los dirigentes políticos y sindicales oportunistas. En los años 70, fueron los del PCE y, a través suyo, de CCOO; en los 80, los del PSOE; y, cuando volvió a producirse un movimiento de masas como consecuencia de la crisis financiera de 2008, fueron los intelectuales posmodernos de Podemos.
Pero el oportunismo español y su capacidad de desorientar a la clase obrera y al pueblo depende enteramente de la solidez del imperialismo, ahora en entredicho.
La clase obrera y el pueblo sólo puede liberarse del yugo de los capitalistas y de sus agentes oportunistas si los comunistas organizamos un partido político que vaya fusionando el marxismo-leninismo con las masas obreras organizadas, a partir de la lucha omnímoda contra el imperialismo, a escala internacional y nacional. No sólo son las masas las que necesitan reconstituir su Partido Comunista, sino también los propios comunistas, porque, como se dijo con razón en el acto central del 45º Aniversario del Partido Comunista (Acción Proletaria) de Chile[4]: “sin partido, un comunista no es nada”.
Un núcleo de comunistas puede convertirse en un embrión de partido a condición de cumplir dos requisitos:
1º) desarrollar un acertado trabajo de educación antiimperialista y socialista de la población, principalmente obrera.
2º) practicar una línea de masas en este trabajo (participar en la lucha por las reivindicaciones justas de las masas, combatir su utilización oportunista de manera concreta y vincularlas a los objetivos antiimperialistas y socialistas).
Mientras los comunistas sigamos dispersos en organizaciones con líneas políticas divergentes (unas denigran a las fuerzas que hoy más luchan contra los imperialistas y otras se apartan de las masas cuando sus dirigentes son oportunistas), Unión Proletaria asumimos el reto de construir el partido a partir de fortalecer nuestra organización. Así, estimularemos a las demás a rectificar o a hundirse totalmente en el pantano del oportunismo.
Al igual que la mayoría del movimiento comunista ha acabado reconociendo que el marxismo-leninismo es la única base teórica válida, que Stalin tenía razón, que China sigue siendo un país socialista, que España se ha convertido en un Estado imperialista y que lo principal es unir a todos los que se enfrentan al Occidente imperialista, estamos seguros de que entenderá la necesidad de combinar la firmeza en la estrategia con la flexibilidad en la táctica. Además, Unión Proletaria ya es parte de un partido mundial en formación como es la PMA, lo que nos ayudará a cometer menos errores, a aprender de la experiencia de los camaradas de otros países y a resolver nuestras principales diferencias con otros destacamentos comunistas de nuestro país con vistas a la unidad.
Llamamos a los comunistas a sumarse a Unión Proletaria para construir un partido comunista a partir de la tarea más necesaria y urgente: elaborar y difundir una buena propaganda antiimperialista, socialista y partidista (subordinada a la reconstrucción del Partido Comunista).
“El proletario no es nada mientras sigue siendo un individuo aislado. Todas sus fuerzas, toda su capacidad de progreso, todas sus esperanzas y anhelos las extrae de la organización, de su actuación sistemática, en común con sus camaradas. Se siente grande y fuerte cuando constituye una parte de un organismo grande y fuerte. Este organismo es todo para él, y el individuo aislado, en comparación con él, significa muy poco. El proletario lucha con la mayor abnegación, como partícula de una masa anónima, sin vistas a ventajas personales, a gloria personal, cumpliendo con su deber en todos los puestos donde se le coloca, sometiéndose voluntariamente a la disciplina, que penetra todos sus sentimientos, todas sus ideas.”
(Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás).
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NOTAS:
- Véase, por ejemplo : https://www.izquierdarevolucionaria.net/index.php/internacional/oriente-medio/14347-la-caida-de-al-assad-en-siria-una-nueva-fase-en-la-lucha-por-la-hegemonia-mundial; https://inter.kke.gr/es/articles/Solidaridad-con-el-pueblo-de-Siria-cuyo-pais-esta-siendo-fragmentado-por-los-imperialistas/; https://www.emep.org/for-the-withdrawal-of-turkish-army-and-all-foreign-powers-in-syria-peace-not-war ↑
- https://www.laizquierdadiario.com/La-crisis-de-productividad ↑
- https://es.weforum.org/stories/2023/10/que-es-la-deuda-mundial-y-cual-es-su-nivel-actual/#:~:text=La%20deuda%20mundial%20ya%20ha,las%20empresas%20y%20los%20hogares ↑
- https://accionproletaria.com/ ↑



